Un golpe y muchos mensajes

Mauricio Macri ya advirtió que sus tradicionales temporadas de fin de año en Cumelén se han vuelto irrepetibles. No sólo debió salir de ese paraíso para atender las inundaciones de la Mesopotamia. En la madrugada de ayer se desató otra tormenta en la provincia de Buenos Aires. La fuga de Martín y Cristian Lanatta y de Víctor Schillaci del penal de General Alvear enfrentó a María Eugenia Vidal con la primera crisis de su gobernación.

Una herida dolorosa, porque afecta la política de seguridad y lucha contra el narcotráfico, que es acaso la razón más poderosa por la que Vidal triunfó en la elecciones. La peripecia de los prófugos corrió el velo sobre una provincia colapsada en su dispositivo institucional. Y, en una perspectiva más general, exhibió otra vez un cuadro escalofriante: debajo del triple crimen por el que fueron sancionados los tres presos se extiende el negocio del tráfico de efedrina, cuya familiaridad con el kirchnerismo, y sobre todo con el financiamiento de la campaña de 2007, todavía está por aclararse.

La huida de los Lanatta y Schillaci entraña, además de un misterio policial, varios enigmas políticos e institucionales. El más elemental tiene que ver con la facilidad con que escaparon. A pesar de que la jueza del triple crimen de Quilmes/General Rodríguez, María Servini de Cubría, había ordenado que los tres condenados estuvieran en un área de máxima seguridad con doble custodia, ayer a la madrugada estaban en la enfermería, bajo el control de un solo guardiacárcel, al que, según la versión oficial, redujeron. Casi todo el circuito cerrado de TV estaba fuera de servicio. Y las cámaras que funcionaban no grababan.

La crónica inicial consignaba que los Lanatta y Schillaci robaron un Fiat Uno perteneciente a un empleado del penal. Pero los investigadores sospechan que ese auto los estaba esperando para trasladarlos hasta Villa Belgrano, donde los aguardaba una camioneta negra, que abordaron para correr hacia la ruta 205.

Estos episodios ocurrieron a las 2 de la mañana. Pero la maquinaria judicial tardó en ponerse en marcha. Recién a las 8.30 el Ministerio de Seguridad de la provincia consiguió la orden del juez para tramitar ante Interpol un pedido de captura. Para emitir la resolución por la cual se ofrece una recompensa a quienes localicen a los fugitivos se tardó un poco más: recién al mediodía el Servicio Penitenciario pudo suministrar la información necesaria sobre los Lanatta y Schillaci.

Ayer por la tarde, las fuerzas...

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