El Gobierno, en un tembladeral judicial y político

 
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Era simpático para algunos y antipático para otros. No había unanimidad entre jueces y fiscales. Hasta que su muerte se convirtió en la muerte política más importante de la democracia argentina. "Ha caído uno de los nuestros", se escuchó decir a un importante juez federal. Ninguno, amigos o indiferentes, cree en la hipótesis del suicidio simple. Tal vez sea la consecuencia de una investigación morosa e insuficiente, y de la reacción desordenada e impolítica del Gobierno. Quizá se deba a la de la jefa de los fiscales, Alejandra Gils Carbó, o al cúmulo de importantes preguntas sobre esa muerte, que nadie responde.

Que haya "caído uno de los nuestros" explica cosas del presente y presagia acontecimientos. Explica que los fiscales, amigos o no de Nisman, hayan convocado a la marcha del próximo miércoles 18. Nadie convoca a una manifestación para recordar a un suicida. Ellos están convencidos de que Nisman murió por haber firmado la denuncia política más explosiva que se hizo contra el matrimonio Kirchner desde 2003. ¿Cómo murió? No lo saben, pero sacan conclusiones de un informe oral, no escrito, de uno de los médicos forenses.

Nisman no cumplió con el protocolo común de los suicidas, y debió hacer contorsiones con el brazo para que la bala entrara en su cabeza como entró, dijo el médico.

Aquella frase presagia, a su vez, que los próximos meses serán un tembladeral judicial para el cristinismo. La causa sobre blanqueo de dinero en manos del juez Claudio Bonadio; la propia denuncia de Nisman contra la Presidenta y su canciller, Héctor Timerman, por encubrimiento de terroristas, y la vieja causa que lo tiene procesado al vicepresidente Amado Boudou podrían avanzar en tiempos inminentes con la velocidad de la luz. El caso en poder de Bonadio es especialmente grave, porque tiene una superficie tan grande que abarca a la propia familia presidencial.

De hecho, fuentes inmejorables señalan que el ex número dos de la ex SIDE, Francisco Larcher, un viejo amigo de Néstor Kirchner, se fue luego de escuchar una orden enigmática y alarmante. "Arreglá el tema Bonadio", le dijo uno de los dirigentes más importantes del Gobierno. Larcher le explicó que Bonadio es inmanejable y que tiene su propio ritmo político. "Arreglalo", le respondió su interlocutor. "¿Cómo lo hago?", repreguntó Larcher. "Vos sabés", fue la única y última respuesta que tuvo. El propio Larcher no sacó nunca la peor de las conclusiones, pero Bonadio recibió en las últimas horas una...

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