De la gloria a la caída

 
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Nunca nadie desmintió que el general César Milani se haya convertido en el verdadero jefe del espionaje kirch-nerista. Sin embargo, un fiscal federal de Tucumán, Carlos Brito, frenó ese pavoneo con la peor noticia que podía recibir el hombre fuerte de los militares argentinos. Pidió su citación a declaración indagatoria por la presunta participación en crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura. Esa clase de citaciones precede, en general, al procesamiento de los imputados.

El caso Milani deja sin respaldo moral a un discurso clave de la Presidenta, el de los derechos humanos, y es emblemático de los límites con los que comenzó a tropezar Cristina Kirchner.

Si hubiera un escaso sentido de coherencia en la acción presidencial, el jefe del Ejército debería dejar de serlo cuanto antes. La Presidenta comenzó a tomar distancia de su militar preferido cuando lo mandó al siempre locuaz Aníbal Fernández a decir que lo echaría si lo procesaran. No es suficiente. Muchos ex militares están presos por la responsabilidad de comando que tuvieron durante los años del régimen castrense. Es decir, ellos no cometieron crímenes, pero son responsables de los que sí cometieron sus subordinados. Milani era el jefe directo del soldado Alberto Ledo, quien, según el fiscal Brito, fue secuestrado y luego asesinado en Tucumán. ¿Pudo sucederle a Ledo el secuestro y el crimen sin que Milani se enterara? Imposible.

La única defensa política que ensayó el Gobierno sobre Milani es que en aquellos años era muy joven. Entre Milani y el marino Alfredo Astiz hay una diferencia de sólo tres años. Según se estableció en varios juicios a militares, la dictadura enviaba a oficiales muy jóvenes a hacer tareas de inteligencia y, en muchos casos, a perpetrar los crímenes. Milani y Astiz eran oficiales de inteligencia, lo mismo que el ex mayor Ernesto Barreiro, preso en Córdoba desde hace varios años. "Si yo estoy preso, Milani debe estar preso", dijo hace poco Barreiro, quien ofreció indicar lugares donde fueron enterrados presos asesinados.

Milani, como en su momento Amado Boudou, obligó a la Presidenta a forzar más allá de lo explicable todas las instituciones constitucionales. Las dos cámaras del Congreso votaron la expropiación de Ciccone al solo efecto de esconder las correrías del vicepresidente y sus testaferros. El Senado, por su parte, aprobó con la mayoría cristinista el ascenso de Milani a teniente general, el grado más alto del Ejército. Esos senadores se...

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