Ginastera, para la apertura de la temporada

 
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Beatrix Cenci - Ópera de Ginastera en dos actos y catorce escenas (1971) / Libreto: William Shand y Alberto Girri. / Orquesta y coro estables del Teatro Colón. / Director musical: Guillermo Scarabino. / Director escénico: Alejandro Tatanián. / Escenografía y vestuario: Oria Puppo. / Iluminación: David Seldes. / Proyecciones: Maxi Vecco. / Director del coro: Miguel Martínez. / Cantantes principales: Mónica Ferracani/ DanielaTabernig; Víctor Torertes/ Leonardo Estevez; Alejandra Malvino/ María Luján Miravelli; Florencia Machado/ Rocío Arbizu; Gustavo López Manzitti/Fernando Chalabe; Mario De Salvo/Emiliano Bulacios, / Según la fechas: 15, 18 y 20 de marzo. Teatro Colón.

Hay evidente acuerdo entre la escena y la temática; la orquesta suena muy dignamente y es resultado de notoria sabiduría, además de una verdadera proeza técnica; los actores-cantantes son excelentes intérpretes capaces de sostener con calidad, no sólo el canto sino el cúmulo de difíciles recitativos de espinosa y endiablada escritura vocal; la escenografía es coherente con la puesta; el coro realiza una actuación de primera calidad expresiva.

Sin embargo, cuando el martes se cerró el telón sobre el final, la gente aplaudió rutinariamente, hubo unos pocos y desanimados bravos, tan sólo una salida para los saludos y ningún signo de entusiasmo. Era una inauguración de temporada, con una obra que celebra el centenario del nacimiento del más prestigioso y célebre compositor argentino, cuya última creación no subía a escena desde hacía 24 años.

Seguramente, la puesta siguió de cerca las sugerencias de Ginastera para apoyar su idea específica, pero la visión integral es de una estatuaria rigidez. Los personajes aparecen como figuras geométricamente recortadas y su movilidad es, con pequeñas variantes, como la que despliega la muñeca mecánica Olimpia, de Los cuentos de Hoffmann.

La carga argumental tiene un peso desenfrenado, porque privilegia obstinadamente, violencia sadismo, corrupción, asesinato, violación y otros entretenimientos de los cortesanos liderados por el conde Francesco Cenci (1549-1598) con su apasionada preferencia por su hija Beatrix. Pero no logra provocar ningún tipo de solidaridad emocional.

La imagen escénica es fría, ni siquiera caldeada por el grupo de jóvenes desnudos de la cintura para abajo, con sus atributos...

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