Conflictos trágicos genuinos y respuesta correcta en torno a algunas ideas de Ronald Dworkin

AutorGuillermo Lariguet
Páginas41-56

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I Introducción

Existen —se supone— “conflictos trágicos”; conflictos que, en la literatura filosófico- moral, se conocen como “dilemas morales”. Aunque todavía no resulta del todo claro cuándo un conflicto es “genuinamente” trágico, suele aceptarse que tal cosa ocurre cuando: i) el conflicto no tiene resolución racional posible, por ejemplo, porque los valores o principios contendores son considerados mutuamente inderrotables 1 o incomparables 2 , o ii) el conflic-Page 42to podría ser resuelto eligiendo uno de los principios, pero esta elección entrañaría sacrificio o pérdida moral.

El punto es que si hay conflictos trágicos genuinos se podría activar una tesis en virtud de la cual se sostenga el carácter limitado de la racionalidad.

Precisamente, en Juicios salomónicos, Jon ELSTER entiende que la racionalidad tiene “límites”, entre otras cosas, cuando “la razón no nos dice qué hacer en ciertos casos” 3 . ELSTER examina varias hipótesis que explican esta incapacidad de la razón: por ejemplo, problemas de indeterminación e inconmensurabilidad. Este autor mantiene algo importante y es lo siguiente: que, pese a que la tesis pueda parecer irremediablemente obvia, no lo es en cuanto se advierte la reticencia expresa o tácita de la mayoría de los filósofos a admitir algo así. Sin embargo, no admitir la naturaleza limitada de la razón, le parece a ELSTER , un compromiso con la irracionalidad.

En un trabajo, ya célebre, Herbert HART sostenía que hay juristas divididos en dos bandos: los que se embanderan tras un “noble sueño” y los que defienden la “pesadilla” 4 . Mientras unos creen que el derecho es determinado, aun en casos difíciles, para los otros este carácter es ficticio siempre 5 .

Con la idea de HART en la cabeza se podría decir que, quienes en el derecho negaran la presencia —y las consecuencias— de conflictos trágicos, podrían estar comprometidos con el noble sueño. Éste podría ser el caso de autores como DWORKIN que creen que los conflictos trágicos pueden ser reducidos a una mínima expresión si se parte de una concepción interpretativista que ponga en armonía a los valores 6 . Otro filósofo, como ALEXY , aun si admite que hay supuestos-límite para ejercitar una ponderación racional 7 , apuesta a ellaPage 43decididamente, incluso desestimando cuán apremiantes puedan ser las observaciones acerca de inconmensurabilidad entre valores constitucionales 8 .

Precisamente, el objetivo central de mi trabajo es contrastar la suposición de que pueden existir conflictos trágicos genuinos con una concepción como la de Ronald DWORKIN , según la cual hay respuesta correcta siempre, aun si en ciertos casos difíciles esto no puede ser demostrado.

El trabajo estará estructurado de la siguiente forma. En primer lugar se harán algunas consideraciones muy generales sobre el lugar que podrían tener los dilemas morales genuinos o conflictos trágicos, en una obra como la de DWORKIN . En segundo lugar, se examinará su tesis acerca de la existencia de una única respuesta correcta. En tercer lugar, la manera en que desestima la cuestión de los empates entre principios. En cuarto lugar se verá cómo funciona su rechazo a una concepción arquimediana de la filosofía práctica y cómo esto se conecta con la negación de conflictos trágicos. En la última parte se harán algunas observaciones acerca del tipo de ideas que DWORKIN tiene en mente cuando repele la existencia de conflictos trágicos genuinos en el ámbito del derecho.

II Ronald Dworkin y el rechazo a los dilemas morales genuinos

Herbert HART ha sostenido en “American jurisprudence through english eyes” que Ronald DWORKIN encarna la versión más acabada del “noble sueño” en el mundo contemporáneo.

Es más, HART no duda en calificar a DWORKIN como el “más noble de los soñadores” y dotado de una base teórica más amplia y sofisticada que la de sus predecesores 9 .

Los predecesores de DWORKIN , en efecto, son muchos y uno puede recorrer la historia de la filosofía jurídica hacia atrás y hallarlos sin problemas. Sin necesidad de ir tan lejos en el tiempo piénsese en un jurista americano como Roscoe POUND quien, según HART , expresa, al igual que DWORKIN , una concepción “holista” del derecho 10 . En virtud de esta concepción se sostiene que el derecho puede ser visto como un sistema holístico compuesto no sólo por reglas, sino también por principios latentes que, consistentemente, producirán un resultado determinado 11 .

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POUND también pensaba, como indica HART , que, además de las reglas, los “principios constituyen guías generales de la decisión allí donde las reglas aparecen como indeterminadas o ambiguas o cuando no se encuentra explícitamente formulada una regla autoritativa relevante” 12 . DWORKIN , tiene razón HART , rechazaría que aun en los llamados “casos difíciles” los jueces ejerzan lo que HOLMES llamaba la “soberana prerrogativa de la elección” y “legislaran en forma intersticial” 13 .

Son harto conocidas las objeciones que HART planteó a DWORKIN , y por ello aquí no necesito detallarlas. Sólo quiero recordar dos en particular. Una objeción es que, en la opinión de HART , la concepción de DWORKIN bien puede ser vista como “restrictiva” de la discreción judicial pero no “elimina” por completo la posibilidad de legislación intersticial 14 . La segunda objeción es que HART es escéptico con la idea de que siempre pueda haber una única respuesta correcta. Según él es posible mostrar que un conjunto de reglas pueda ser explicada y justificada con conjuntos alternativos de principios o hipótesis 15 .

Pero, ¿por qué empezar con DWORKIN a partir de HART ? La respuesta es ésta; a tal punto las contribuciones de DWORKIN han sido atractivas que un test para mostrarlo es a través de su principal adversario declarado: un positivista jurídico 16 como HART 17 .

La calificación hartiana según la cual DWORKIN es un emblema del noble sueño, me parece correcta. Y las objeciones hartianas expresan las dudas de muchos filósofos. Estas dos objeciones, por oposición, muestran por qué es inteligible el hecho de que DWORKIN rechace los dilemas morales genuinos o los reduzca una expresión tan mínima que la amenaza a la racionalidad que ellos plantearían se diluya casi por completo.

Que DWORKIN sea uno de los más nobles soñadores contemporáneos se puede verificar no sólo en el rechazo a los dilemas morales genuinos que plantea explícitamente en “Do liberal values conflict?” y, en forma más sugerente, en “Hart’s postcript and the character of

Page 45political philosophy”18 . Si bien en obras clásicas como Los derechos en serio y el Imperio del Derecho, él examina “casos difíciles”, es un hecho que lo que dice sobre ellos sirve para pensar su postura con respecto a los casos trágicos cuya presencia explícitamente discute en “Do liberal values conflict?”

Resulta necesario destacar que DWORKIN también rechaza que las dudas sobre la inexistencia de respuesta correcta para los casos difíciles tengan asidero firme. También niega que existan lagunas normativas o de reconocimiento genuinas, así como controvierte la idea de que pueda haber valores inconmensurables. Por último, DWORKIN niega que fenómenos de razones igualmente balanceadas, como los “empates de principios”, sean situaciones reales en los sistemas jurídicos.

Este puñado de tesis dworkinianas no puede más que tener un efecto repelente respecto de cualquier tesis que defienda la existencia de dilemas morales genuinos. Para empezar, debería ser claro que, si hay respuesta correcta, un dilema moral o un conflicto trágico no puede ser más que “aparente”.

Todas las otras tesis de DWORKIN llevan, también, al rechazo de los conflictos trágicos. La negación del fenómeno de la inconmensurabilidad (que aquí asocio a “incomparabilidad”) y de los empates embiste directamente contra la posibilidad de que haya dilemas genuinos. Los dilemas pueden ser genuinos, por ejemplo, porque las alternativas en juego sean incomparables o bien porque cada alternativa en conflicto tiene tanto peso como la otra y tomada, en sí misma, tiene la misma justificación. Por cierto que la justificación de cada alternativa tiene que ver con las “razones” que las sustentan. Las alternativas, sin embargo, pueden tener dos tipos de pretensiones diferentes. O bien un dilema es genuino porque ambas alternativas gozan de la misma “pretensión de corrección” 19 o bien porque ambas alternativas son igualmente “incorrectas”, tal es el caso típico de la “elección de Sofía” 20 . Mi impresión es que en su rechazo a conflictos trágicos o a situaciones de empate DWORKIN no hace esta distinción.

En lo que sigue se hará un esquema conceptual general que reconstruya algunos de los principales argumentos que Ronald DWORKIN suministra para eliminar los posibles desa-Page 46fíos a la racionalidad que opondrían los conflictos trágicos. Quiero comenzar, a este punto, con el capítulo 13 de Los derechos en serio, sobre todo porque creo que, después de esta obra, DWORKIN no llevó mucho más lejos sus planteos. Law’s empire sería un ejemplo de lo que digo.

III La tesis de una única respuesta correcta

En el capítulo al que me refiero, él se propone refutar aquellas objeciones según las cuales en los casos difíciles no hay una única respuesta correcta sino sólo “respuestas” 21 .

Una de las objeciones a su tesis de la respuesta correcta, recuerda DWORKIN , consiste en sostener que una “elección” entre valores o principios en conflicto no venga impuesta por la razón, pues en rigor la elección misma sería la “razón última” 22 .

Si todo lo que hay es pura “elección”, lo único, dice DWORKIN , que el público tiene derecho a esperar es que esta elección sea “sincera” y...

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