Gastos inflexibles, impuestos inexorables

 
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No es posible comprender la economía argentina, ni su pasión por el dólar, ni su inflación, ni su fuga de capitales, ni la evasión fiscal, ni la presión impositiva, ni el endeudamiento público, ni tampoco la inestabilidad institucional sin entender que detrás hay un fenómeno político imposible de corregir: la dimensión descomunal de su gasto público.La forma de lograr que cada ciudadano aporte al esfuerzo común es el poder tributario, que permite al Estado exigir en forma coactiva el pago de tributos dispuestos por ley. Existen derechos y garantías que limitan esa facultad, protegiendo a los contribuyentes frente a las arbitrariedades, pero son inoperantes para evitar descalabros fiscales cuando un Estado se encuentra infiltrado por políticos corruptos, cooptado por grupos de interés y distorsionado por objetivos populistas.En países normales, el gasto público permite encarar proyectos colectivos, sufragar la salud, la defensa, la justicia y la seguridad, y brindar prestaciones sociales de carácter redistributivo. Cuanto mayor el crecimiento, mayor la capacidad de satisfacer nuevos derechos y mejorar los consolidados. El crecimiento está ligado a las buenas instituciones, al capital social, a la inversión y la tecnología. En resumidas cuentas, a la productividad del esfuerzo común.Según el estudio Competitividad Global del Foro Económico Mundial (2016-2017), ocupamos el puesto 104 sobre 138 naciones. El informe toma en cuenta la carga fiscal, que en nuestro país alcanza al 26,2% del PBI. Es la más alta de las 138 economías analizadas.El gasto público en la Argentina ha crecido hasta alcanzar casi la mitad del PBI. Es un desborde inenarrable que genera derechos adquiridos, reclamos callejeros, fortunas incalculables y pobreza incomparable. Ya casi no existen ciudadanos que no tengan algún interés creado en mantener el statu quo, ya fuere por empleos públicos, planes sociales, jubilaciones sin aportes o de privilegio, pensiones graciables, amparos por invalidez, regímenes especiales, subsidios económicos o ventajas logradas en entes públicos.Por eso, nadie habla de reducir el gasto público, pues es parte del "ser nacional". Y sus beneficiarios son una cantidad decisiva de votantes, a quienes se prefiere no confrontar.Hablar de equidad fiscal y de técnica tributaria es una broma cuando todo es política de corto plazo: la mayoría de los gobernantes, con el cuchillo en la boca, solo piensan en esquilmar a los pocos que generan riqueza, con...

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