Futuro sombrío: un creciente riesgo de disolución amenaza a la Unión Europea

 
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MADRID.- En junio pasado, el Brexit sorprendió al magnate en Escocia, adonde había viajado a inaugurar un complejo turístico de su marca. Cuando lo consultaron por el caos que sacudía los mercados globales, sonrió: "Es grandioso. Si cae la libra, más gente podrá venir a mi campo de golf".

Por entonces, los líderes europeos se preguntaban qué era peor: si el desdén de un aspirante a la Casa Blanca por la conmoción que afectaba al continente o el escaso juicio que le impedía ver el daño que la salida de Gran Bretaña de la (UE) causaría a su nuevo negocio escocés.

Ahora que Trump ganó y a partir del próximo 20 de enero será el presidente norteamericano, Europa se prepara para una era de agitación permanente. Como nunca antes, la propia subsistencia del proyecto comunitario está en juego, en medio de un vendaval de crisis simultáneas y sin el apoyo de Estados Unidos, el histórico garante de la integración.

Si 2016 fue un año maldito, el futuro asoma aún más sombrío. Los populismos aislacionistas están fortalecidos y con ansias de poder; el euro enfrenta nuevos tests de esfuerzo y la economía no sale del estancamiento; la gestión del Brexit abre un panorama incierto para el comercio; la imparable ola de refugiados que escapan de África y Medio Oriente pone bajo cuestión pilares de la unión, como la libre circulación de personas; la desafiante Rusia de Vladimir Putin se vuelve una amenaza cierta con Washington, dispuesta a desentenderse de los compromisos de defensa común.

"Europa se quedó sola. Eso es lo que significa el triunfo de Trump en las elecciones presidenciales. Si sus líderes quieren preservar la unión y sus valores, la única vía es aumentar la colaboración entre los Estados, pero no está claro que vaya a ocurrir. Los populistas están imponiendo su agenda", sostiene Jeremy Shapiro, ex diplomático norteamericano y director de investigación del think-tank ECFR, con sede en Londres.

Desconcertados, los gobiernos de las potencias europeas siguen con angustia una agenda electoral endiablada. El domingo pasado, en Bulgaria -el país más pobre de la UE- ganó la presidencia el nacionalista Rumen Radev, un outsider admirador del presidente ruso, Vladimir Putin. El 4 de diciembre próximo, Austria elige jefe de Estado y es favorito el ultraderechista Norbert Hofer.

El mismo día, Italia irá a las urnas para un referéndum sobre la reforma del Senado que propone el primer ministro, Matteo Renzi. Es una materia en apariencia menor, pero una...

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