Fútbol, violencia y muerte: continúa la complicidad

El fútbol continúa siendo un escenario que el crecimiento vigoroso de dos situaciones que se alimentan mutuamente a la vista del desasosiego y el miedo de la sociedad: el accionar violento de bandas que extorsionan y matan por espacios de poder en los clubes, y la incapacidad del Estado para restablecer el orden.

La es hoy y desde hace décadas una faceta más de la inseguridad, como lo prueba el hecho de que más de una vez sus víctimas son ciudadanos que no asisten a los estadios.

Lo ocurrido anteayer en River, cuando el club estaba ocupado mayoritariamente por familias y fue escenario de una feroz batalla entre grupos mafiosos de la hinchada, más la sucesión de enfrentamientos en plena vía pública que se produjo un par de semanas atrás con un saldo de cinco muertos en apenas seis días, constituyen la más palpable evidencia de la gravedad de esta situación añeja, que nació y se desarrolló por la indiferencia y la conveniencia de los dirigentes del fútbol, pero que hoy sólo puede ser controlada por los poderes del Estado.

Rápido de reflejos para uno de los ejercicios que mejor practica cada mañana, el de buscar la paja en el ojo ajeno, el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, responsabilizó por lo ocurrido anteayer a los dirigentes de River por no tener el control de lo que pasaba en el club puertas adentro.

La dirigencia aludida dijo, y con razón, que es difícil que unos pocos vigiladores privados puedan contener a una horda de más de cien delincuentes dispuestos a todo, pero no alcanzó a explicar claramente por qué en la confitería del club, entre gente de bien, había jefes de uno de los sectores de la barra mafiosa a quienes buscaban agredir los que ingresaron por la fuerza.

El presidente de River, Rodolfo D'Onofrio, asumió que podía ser un error que muchos de esos delincuentes, concretamente los que estaban en la confitería, sean socios del club y prometió revisar los casos, pero fue al nudo del problema cuando pidió intervención de los poderes político y judicial para que quienes delinquen vayan presos y no sólo por unas horas.

Como ya hemos dicho en reiteradas oportunidades, si bien la solución al problema ya escapó del margen de acción de la dirigencia del fútbol, eso no la desliga en absoluto de responsabilidades.

Cómplices u obedientes de la teoría del "todo pasa" que impuso Julio Grondona en sus largas tres décadas de mandato en la Asociación del Fútbol Argentino, los directivos de los clubes no sólo no combatieron a los...

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