Finalista por dura y rebelde

 
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SAN PABLO.- De rebelde alcanzó la final. De porfiada y tenaz. De convencida de que ése era su destino y ni la rocosa Holanda la iba a apartar. Cumplió con su idea fija, con su misión impostergable. Dura es esta Argentina, como la cabeza de Mascherano, que recibió un golpe como para causarle una conmoción cerebral y siguió jugando porque el corazón lo tenía intacto, le seguía bombeando sangre guerrera. Dura como la mandíbula de Zabaleta, que de un choque con Kuyt le quedó como si se hubiera cruzado con Mayweather. A morder una gasa y a seguir jugando, que la batalla necesitaba de todos los soldados, aunque estuvieran heridos y extenuados. Dura como ese brazo vendado de Biglia, que se retuerce de dolor tras un topetazo con Clasie, pero ni se le ocurre abandonar.En el Itaquerao, un nombre que al pronunciarlo hasta se le encuentra alguna resonancia belicista, se disputó una batalla, no violenta ni con mala intención, pero sí muy táctica, áspera, de choque repetido, de conquista por cada centímetro del campo como si fuera la tierra prometida.En capacidad de sufrimiento no le gana nadie a esta Argentina. Quedó demostrado una vez, como en anteriores partidos. Y de fútbol anda corta, pero tampoco se encontró con algún rival que la haya superado en ese rubro, en el que Alemania impresiona con su juego académico. Ése es el Everest que le espera el domingo en el Maracaná, pero no es menor que ya haya hecho cima con una final.El seleccionado que llegó al Mundial con la etiqueta de los Cuatro Fantásticos y un poder ofensivo que era la envidia de todos sigue adelante porque encontró la manera de ser un bloque compacto en defensa, de juntar esas líneas separadas que tanto desvelaban a Sabella, de dar un paso atrás y ser más selectivo en los ataques. Del golpe por golpe al estudio, el cálculo y la especulación. La Argentina no juega con una sonrisa, es seria. Por cada caricia que le niega a la pelota aprieta los dientes con más fuerza. Apechuga, resiste y asalta.Antes del Mundial, desde estas líneas se aventuró que Sabella no es la clase de técnico de morir con las botas puestas, por aquello de mantener a los Cuatro Fantásticos contra viento y...

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