Al final, los empresarios firmaron el acuerdo a regañadientes

 
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Parte de la estrategia del Gobierno para el acuerdo social podría entenderse en una sentencia que Oscar Plaini, diputado y líder del gremio de los canillitas, repetía ayer en el Congreso: "Éstos nos están dando lo que Cristina nos negó". La razón, centrada fundamentalmente en la decisión oficial de pagarles la deuda a las obras sociales, explica el sentido de un giro inesperado que el establishment recién está empezando a asimilar: Mauricio Macri parece, hasta ahora, más propenso a congraciarse con el sindicalismo que con los empresarios.

Esa preferencia es cada vez más evidente y desencadenó esta semana, horas antes de que se firmara ayer el acuerdo en la Casa Rosada, una concatenación de desencuentros entre el Gobierno y la Unión Industrial Argentina (UIA), la entidad que se siente en menores condiciones de pagar el bono de fin de año por circunstancias económicas, convenios colectivos y cantidad de empleados.

El diálogo social, un pedido expreso del papa Francisco a Macri, empezó en realidad formalmente el lunes, con una convocatoria que Mario Quintana, vicejefe de Gabinete, y los ministros Francisco Cabrera (Producción) y Jorge Triaca (Trabajo) le hicieron al Grupo de los Seis a un encuentro en la planta baja de la Casa Rosada. Este grupo reúne a la UIA, las cámaras de Comercio y de la Construcción, Adeba (bancos privados de capital nacional), la Sociedad Rural y la Bolsa de Comercio.

Los empresarios salieron ese día con el trazo grueso de la propuesta, que Quintana se preocupó por explicarles allí y, más tarde, enviarles por escrito. Podría resumirse así: ya que el año cerrará con una inflación anual del 38%, hay que equilibrar con el bono de fin de año los aumentos que en las paritarias fueron, según el sector, del 34 al 39%. Estaban Adrián Kaufmann (UIA), Adelmo Gabbi (Bolsa de Comercio), Jorge Di Fiori (Cámara de Comercio), Juan Chediak (Cámara de la Construcción), Daniel Llambías (Adeba) y Daniel De Pellegrina (Sociedad Rural).

No fue un encuentro ameno y duró casi dos horas. El más reacio a la iniciativa, que el Gobierno apuntaló invocando el pedido pontificio, fue Kaufmann: la UIA no es una cámara, por lo que no puede firmar paritarias, y abarca además a 800 convenios de situaciones completamente diferentes, transmitió.

Ya con el texto en mano, el jefe fabril reunió al día siguiente al mediodía al comité de presidencia de la UIA para transmitirles el requerimiento oficial. Eran pocos, pero los suficientes para que se oyeran en...

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