Fin de semana XXL: el ícono de Mar del Plata que cumplió 120 años y que es un punto obligado de visita estos feriados

Fecha de publicación29 Marzo 2024
El Torreón del Monje, en la Bahía Bristol MAR DEL PLATA.- La torre que finaliza en una cúpula con cubierta de teja cerámica colorada oficia como una suerte de faro que identifica y distingue al extremo sur de la bahía Bristol. Más aún a comienzos del siglo pasado, cuando la construcción asomaba solitaria y sobresalía desde lo más alto de estas costas donde la aristocracia porteña comenzaba a instalar sus lujosas propiedades, cada vez más cerca del mar El Torreón del Monje es una obra donada por Ernesto Tornquist que, a comienzos de 1904, replicaba con aires medievales una suerte de castillo que también había encargado al arquitecto Carlos Nordmann para su quinta "Los Ombúes", en barrio de Belgrano de la Capital. Y que, ampliaciones, modificaciones y restauración mediante, está celebrando sus 120 años consolidado como una referencia del principal frente marítimo de esta ciudad, que en este año también festeja su sesquicentenario. En un principio, la construcción era de uso privado "Nació como un espacio privado y el mayor valor que ha logrado con el tiempo el Torreón del Monje es convertirse en un lugar público", dice a LA NACIÓN el arquitecto Hernán Clinckspoor, uno de los creadores de la carrera de Arquitectura en la Universidad Nacional de Mar del Plata y parte del equipo de profesionales que participó en el proceso de recuperación del edificio, desafío emprendido a fines de los setenta por los actuales concesionarios del lugar Es quien rescata el proceso de transformación de este lugar que, lejos de aquel origen selecto, en las últimas décadas, hoy abre sus puertas a la gastronomía, a los servicios de playa y a las muestras artísticas. Y como mirador y símbolo es una escala obligada para las decenas de miles de turistas que andan por aquí o están llegando durante este bien concurrido fin de semana extra largo Es Clinckspoor quien rescata que, a comienzos del siglo pasado, el sector era conocido como la "lobería chica", con menor superficie que la que a no más de 500 metros ofrecía Cabo Corrientes, donde entonces se daba la mayor concentración de lobos marinos. Ese sector de costa estaba acompañado por un frente de piedra virgen de origen precámbrico y donde se había generado lo que se conocía como "La Gruta de Egaña", una suerte de cueva a la que se llegaba para escribir promesas sobre las rocas, compromisos de parejas de la aristocracia capitalina y pedir algunos milagros. "La construcción original se llamó Torre Belvedere y tenía una casa de...

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