El fin del poder, Moisés Naím

 
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NAÍM, MOISÉS, El fin del poder, Debate, BsAs, 2013, 433 págs.

El libro ya está en las librerías.Vale la pena leerlo y reflexionar sobre el mensaje.

Se transcribe una nota de El País, es. Del 18.11.2013

“Las democracias no pueden estar basadas en ONG, sino en partidos políticos”

“Es bueno que grupos marginados en la política, a los que no se prestaba atención, puedan tener influencia”, afirma el analista

Antonio Caño

La aparición de El fin del poder (Debate) ha provocado tal interés en todas partes que su autor, Moisés Naím (Caracas, 1952), lleva meses recorriendo el mundo para explicar sus tesis sobre el declive del poder tradicional a los mismos grupos a los que él identifica como víctimas o beneficiarios de ese movimiento: militares y estudiantes, obispos y mujeres, ejecutivos y académicos, políticos, funcionarios, periodistas… Todos, de alguna manera, se ven afectados por un cambio profundo y universal hacia un nuevo mundo en el que el poder está más repartido, es más fácil de perder y más fácil de conseguir.

El libro es, en cierta forma, la culminación del esfuerzo de un hombre que lleva décadas formulando un pensamiento original, independiente y provocador, aunque constructivo. Naím no tiene unos colores claros, no pertenece a ningún bando intelectual o ideológico, trata de mantenerse, no equidistante, sino a la distancia suficiente de cada uno como para poder criticarlo con libertad. Eso hace su trabajo más controvertido, pero también más valioso.

Gracias a esa cualidad, Naím ha podido escribir un libro útil para todos. Nadie va a sentirse particularmente atacado por El fin del poder, con excepción de sátrapas y abusadores. Nadie va a entender esta obra como una desautorización de sus propias ideas. En cambio, cualquiera, incluso los que están perdiendo el poder, podrán encontrar sugerencias para hacer mejor las cosas.

El fin del poder consagra a Naím como un punto de referencia del pensamiento actual. Exministro de Venezuela, todavía con un Gobierno democrático, exfuncionario del Banco Mundial, exdirector de la revista Foreign Policy y actual académico del Carnegie Endowment for International Peace, ninguno de esos cargos está a la altura de los méritos de Naím como conversador. Tras la lectura de este libro, lo único que lamentarán los lectores es no poder comentarlo con el autor, como yo hago a continuación.

Pregunta. Después de leer El fin del poder me quedé con la impresión de que estaba ante un excelente libro, pero ante una mala noticia. Sé que usted es más optimista.

Respuesta. Una de las experiencias más interesantes que he tenido desde la aparición de este libro es que he descubierto que es una especie de test de Rorscharch, una mancha en la que cada uno cree ver una cosa diferente. Hay argumentos muy válidos sobre que el libro es una visión preocupante sobre el futuro, un futuro en el que hay más anarquía, en el que grupos pequeños, gente con ideas extremas, que yo llamo terribles simplificadores, que de alguna manera, debido a que el poder se ha hecho más fácil de obtener, tienen ahora más poder. Entre ellos están el Tea Party, los grupos de extrema derecha en Europa, los populistas de América Latina, gente con malas ideas y que alcanza un poder desproporcionado con relación a su tamaño. Esa es la visión pesimista.

  1. ¿Y la optimista?

  2. La visión optimista es que también hay que gente con buenas ideas que logra más fácilmente ahora hacer progresar la humanidad. Es decir que un grupo de jóvenes puede reunirse y crear una empresa y conseguir, gracias a las nuevas oportunidades que existen, capital, clientes y crecer rápidamente en espacios que antes habían sido monopolizados por las grandes empresas tradicionales. Ese es un mundo mejor, un mundo en el que los monopolios, los tiranos, los autócratas, los concentradores de poder están más inseguros.

  3. Parece bueno en el ámbito de la empresa. Pero ¿lo es en la política?

  4. Es bueno que, en la política, grupos que antes estaban marginados, a los que no se prestaba atención, puedan...

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