La fiesta macanuda: Liniers, anfitrión de una muestra que es puro juego e ilusión

 
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La niña ríe con los dientes, ríe con los ojos. De pronto, después de atravesar la sala en una corrida, se detiene a dos pasos de distancia congelada por el pudor. Lleva en una mano un dibujo que acaba de hacer ella misma y en la otra, un lápiz.

"Me parece que vos querés que yo haga algo con ese dibujo." Liniers extiende una mano a modo de invitación. Ella no deja de sonreír: no lo sabe, pero dentro de muchos años acaso recuerde este momento con agradecimiento y nostalgia: el día en que el dibujante al que tanto admira le regaló un autógrafo. Quizá sea sólo un deslumbramiento fugaz, quizá su vida esté cambiando para siempre. A él le ocurrió algo así hace muchos años, recuerda ahora. Se acercaba con timidez a sus maestros (Quino, Caloi, Fontanarrosa) y les entregaba un libro de historietas para que ellos dejasen allí estampada su rúbrica.

La escena se repite una y otra vez, y son los chicos quienes le piden con insistencia un autógrafo sin saber que Liniers es tan tímido como ellos, apenas lo rescata de ese recato el oficio. Los chicos son quienes más disfrutan de esta fiesta, porque eso es la muestra montada en una de las salas del Centro Cultural Borges: la celebración de la alegría que animan con ternura los Macanudo, las Enriqueta, los Oliverio, los Bonjour, las Olga y los Fellini multiplicados en un juego infinito de espejos. Después está el humor, claro. Dan ganas de quedarse mil horas leyendo las tiras o jugando con los bonetes en la bonetería, o dibujando en las pizarras o pintando con tinturas fluorescentes en una cámara de luz negra. Todo es juego, descubrimiento, ilusión.

Hay un pared breve donde Enriqueta lee en distintos cuadros. Los autores indican cuál ha sido la educación sentimental de Liniers en su infancia: Enriqueta lee a Verne, Poe, Dahl, Carroll, Barrie, Alcott, Saint-Exupéry y los hermanos Grimm; sólo un libro argentino: Dailan Kifki, de María Elena Walsh.

"El primer recuerdo que tengo de mí feliz, con un libro en la mano, es con Mafalda",dice ahora. Después llegaron Mark Twain (Las aventuras de Huckleberry Finn) y Herman Melville (Moby Dick), y luego Cortázar y Stephen King, y muy pronto las tiras de Bill Waterson (Calvin y Hobbes), Georges Remi (Tintín), René Goscinny y Albert Uderzo (Asterix), y cuando Liniers estaba por convertirse en Liniers, Art Spiegelman con Maus, la historieta sobre el Holocausto que cambió el curso de las cosas concediéndole al género su mayoría de edad.

Cuando...

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