El fantasma de Xul Solar vuelve a agitar las aguas del Delta con la restauración de su casa-taller

 
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A una hora de viaje en auto desde la ciudad de Buenos Aires, se esconde la casa-taller donde Xul Solar (Oscar Agustín Alejandro Schulz Solari, 1887-1963) vivió y creó los últimos años de su vida. ¿Pero existe algo así como el final de la vida de un artista? Él viajaba en tren desde Retiro hasta Tigre; en el puerto se tomaba una lancha colectiva que lo dejaba en un muelle sobre el río Luján, en la confluencia con el canal Villanueva. De ahí, caminaba no más de trescientos metros por un sendero de tierra rodeado de helechos y lirios de los pobres hasta la modesta casa que, en 1954, había comprado con su mujer, Micaela Cadenas. Desde ayer, Li-Tao es un nuevo museo de arte de Tigre.

Creador de lenguajes visuales y poéticos, Xul no pudo sino bautizar la casa que construyó. La bautizó "Li-Tao". La primera sílaba alude al sobrenombre de su mujer (Lita) y "Tao", al camino espiritual que guió la existencia del artista. El proyecto de Xul en Tigre era crear una vida comunitaria en donde la naturaleza, como no podía ser de otro modo, cumpliera un papel protagónico. Allí, el inventor de la "panlengua" y el "neocriollo" trabajó en simultáneo en varias series de pinturas, recicló materiales que le proveían el río y el monte, aplicó una paleta de colores vibrantes a paredes, ventanas y tranqueras, desbrozó parte del terreno y plantó casuarinas, robles del pantano, ciruelos y, frente a las ventanas que dan al Este, un rosal.

Presente en la inauguración de Li-Tao, que se realizó ayer a la tarde, una de las directoras del Museo Xul Solar contó a LA NACION que, de a poco, Xul había mudado su biblioteca de la casa porteña a la de Tigre. "Consultaba muchos diccionarios", dice Teresa Tedin Uriburu. En los años de producción en ese rincón escondido de Villa La Ñata, en el corazón de un humedal, Xul concibió obras donde se entrecruzaban mensajes cifrados, figuras geométricas, arquitecturas imposibles, escaleras y puentes. Una cosmogonía acuática se superponía a otra aérea.

Se puede decir que ayer estuvieron todos "los ángeles de Xul" en la casa-taller recuperada para el patrimonio cultural de los argentinos. Elena y Mariana Povarché, de la galería Rubbers; Martha Capriotti, responsable de la casa de Xul Solar; Verónica Tejeiro, del Museo de Arte Tigre (MAT), y las autoridades del municipio, que apostaron a una idea que tuvo, diez años atrás, Diana Saiegh.

En un acto público, Saiegh le había hecho prometer al entonces intendente de Tigre Sergio Massa que...

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