Famosos, fotos y enfermedades

 
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Llegar a ser una celebridad tiene infinitas ventajas (gozar de la estima pública, recibir invitaciones y regalos, la posibilidad de ganar dinero en cantidad, viajar y hasta seducir más) y una sola contra (sufrir la inhibición de la propia privacidad).Quien se deja iluminar voluntariamente por los potentes reflectores de la fama sabe que ese "pacto con el diablo" (jugar y exponer la propia vanidad, de alguna manera, lo es) "se paga" en una relación exactamente proporcional al impacto y consideración que produzca en la opinión pública. Podría decirse que se trata de un "impuesto" natural (y universal) a la vanidad. Bastante oneroso, por cierto, especialmente cuando las noticias por comunicar (o que se pretenden esconder) no son las mejores.Ser objeto obsesivo de paparazis y del fisgoneo constante del público es algo inevitable, más para aquellos que, paradójicamente, mantienen una relación histérica de amor-odio con los medios.Las audiencias cobran muy caras sus veneraciones: a cambio lo quieren saber todo y sin distinguir entre los momentos felices (noviazgos blanqueados, casamientos, logros profesionales, nacimientos) de los que son más dramáticos (enfermedades, muertes) y más incómodos (infidelidades, temas de estética y escándalos de cualquier tipo).La industria de la "prensa del corazón" (una expresión que responde más a las ingenuidades de hace unas décadas que a las actuales salvajadas que se perpetran en su nombre) trabaja sobre esa debilidad voraz de la gente y para satisfacerla contrata legiones de afilados sabuesos que remueven cielo y tierra con tal de dar con las imágenes y las primicias que mantengan en ebullición permanente esa volcánica caldera.X X XEn los últimos días se armó una gran batahola a propósito de la última tapa de 2011 de la revista Caras , donde se observa a un desmejorado Luis Alberto Spinetta, producto de una delicada enfermedad que atraviesa. La imagen -hay tres más en el interior de la edición que pertenecen a la misma secuencia donde se advierte el fastidio del cantautor al descubrir al fotógrafo- fueron tomadas a la salida de su casa.¿Eran necesarias? No, seguramente que no. ¿Los lectores de esa publicación son seguidores habituales del "flaco" Spinetta? No, tampoco. Entonces, ¿se podrían haber evitado? Claro que sí.Pero sucedió exactamente lo contrario. ¿Es ilegal? No. ¿Es ético? Discutible. Se trata de un legítimo reflejo periodístico (en este caso exacerbado y de allí lo polémico): querer revelar algo que no se...

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