La excepción convertida en regla

 
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Ayer, El clan superó el millón de espectadores. Logró la preciada marca en apenas nueve días. Uno más tardaron en alcanzarla Metegol y Relatos salvajes, dos de los éxitos resonantes de taquilla del más reciente cine argentino. Con esta marca, los propios artífices de la película de Pablo Trapero terminarán definitivamente reconociendo una realidad que superó todos sus cálculos. Antes del estreno, entre algunos de los productores se manejaban cifras bastante cautas, bastante alejadas de la extraordinaria respuesta que entregó el público local en las boleterías de los cines. Casi ninguno imaginaba que el primer fin de semana de exhibiciones (favorecido además por un feriado que lo extendió a cuatro días) culminaría con casi 700.000 entradas vendidas.

Ahora, mientras El clan transita el crucial segundo weekend, todos se rinden ante los hechos. Y los hechos, además de multiplicar entre los espectadores el interés por descubrir, revisar o refrescar lo que hace 30 años ocurrió en la Argentina con la tenebrosa familia Puccio, empiezan a corroborar una tendencia. Cada vez más seguido asistimos a un fenómeno que en otros tiempos se registraba en ocasiones mucho más contadas y tardaba muchísimo en repetirse. No olvidemos que el asombro provocado en 2009 por El secreto de sus ojos no tenía antecedentes inmediatos. Había que viajar hasta la década de 1970 y recurrir a números poco confiables para encontrar una referencia similar en términos de repercusión y concurrencia masiva.

Vistas desde hace seis años, aquellas 2.372.522 entradas por el film de Juan José Campanella que coronó su recorrido con el histórico triunfo en Hollywood con el Oscar al mejor film extranjero funcionaban como una admirable excepción. Observadas desde hoy, con El clan emprendiendo el mismo camino a la velocidad del rayo, funcionan como punto de partida de una tendencia que muchos empiezan a naturalizar. En el pico del éxito de El secreto de sus ojos, lo que se preguntaban quienes observan al detalle el comportamiento del mercado cinematográfico era cuánto tiempo (medido inclusive en décadas) deberíamos esperar para encontrarnos con un acontecimiento semejante. Ahora esos mismos analistas se entusiasman, convencidos de que hay productores que en este mismo momento imaginan los contornos del próximo gran éxito del cine argentino.

De cualquier manera, todos saben que imaginar es una cosa y encontrar en la realidad una correspondencia exacta a esos deseos es otra muy distinta. En...

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