Estudio histórico sobra la rebelión del 9 de Junio de 1956 en La Pampa

Autor:Jorge L. Ferrari
Páginas:77-96
RESUMEN

Este artículo presenta el proyecto de investigación correspondiente al plan de tesis de Maestría en Estudios Sociales y Culturales, aprobado por el Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Humanas de la UNLPam, actualmente en desarrollo. Por lo tanto, este trabajo expone los antecedentes y el marco teórico de la investigación, la enunciación del problema "centrado en el interrogante de por qué... (ver resumen completo)

 
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ESTUDIO HISTÓRICO SOBRE LA REBELIÓN DEL
9 DE JUNIO DE 1956 EN LA PAMPA
Jorge Luis Ferrari1
Resumen
Este artículo presenta el proyecto de investigación
correspondiente al plan de tesis de Maestría en Estudios Sociales
y Culturales, aprobado por el Consejo Directivo de la Facultad de
Ciencias Humanas de la UNLPam, actualmente en desarrollo. Por
lo tanto, este trabajo expone los antecedentes y el marco teórico
de la investigación, la enunciación del problema ¾centrado en el
interrogante de por qué no se fusiló en La Pampa una vez reprimida
la rebelión de 1956¾, los objetivos, hipótesis y metodologías que
guían el estudio, así como los avances logrados hasta la fecha.
Como aspectos particulares de la tesis que llevo adelante, y que
se desprenden de la formulación del proyecto que aquí se publica,
se destaca el uso de las fuentes judiciales del caso y de fuentes
testimoniales inéditas, recogidas en entrevistas personales con los
participantes de los hechos en cuestión.
El tema de la investigación
El 16 de septiembre de 1955, el general Eduardo Lonardi inicia
un levantamiento armado contra el gobierno constitucional de Juan
Perón, denominado ‘revolución libertadora’. Esta acción rebelde,
1 Profesor de Historia, Especialista en Estudios Sociales y Culturales; Jefe
de Trabajos Prácticos regular en Historia Económica y Social General y Argentina
de la carrera de Contador Público Nacional y Ayudante de Primera interino en
Historia Constitucional de la carrera de Abogacía, ambas cátedras de la Facultad
de Ciencias Económicas y Jurídicas de la UNLPam. Dirección electrónica:
mirandaferrari@cpenet.com.ar
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que se sostenía en el apoyo unánime de la Marina, a diferencia
de los anteriores golpes militares de 1930 y 1943, contó con el
respaldo de todo el arco político partidario: radicales intransigentes
y unionistas, conservadores y socialistas, demócratas cristianos y
grupos nacionalistas. Si bien el Poder Ejecutivo contaba con las
fuerzas sufi cientes para sofocar la rebelión, el presidente Perón —
que, unos días antes, en su discurso del 31 de agosto desde la Casa
de Gobierno, había indicado que la consigna de todo peronista era
contestar a una acción violenta con otra acción más violenta, por
lo que “cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de ellos”
(Lanusse 2009: 58)—, no tenía una férrea voluntad de pelear. El
gobierno, como expresa Melón Pirro, “no supo, no pudo o no quiso
resolver militarmente un confl icto en el que la relación de fuerzas
no le era desfavorable […]” (2009: 38). De manera que, luego de
tres días de combates, y notando vacilaciones en los jefes militares
de las fuerzas leales, como luego denunciaría en una carta a John
W. Cooke, el 19 de septiembre Juan Perón delegó el mando en el
ejército para evitar mayor derramamiento de sangre y alcanzar la
pacifi cación, según expresaba en su mensaje, leído por Franklin
Lucero, en el Ministerio del Ejército a las Fuerzas Armadas
(Lanusse 2009: 76; González Crespo 1993: 421-422). El ejército
leal al gobierno emitió un comunicado en el que indicaba que se
hacía cargo de la situación y que una junta de ofi ciales superiores
iniciaría las negociaciones con los representantes del comando
rebelde. Esta junta de ofi ciales interpretó la decisión de Perón como
una renuncia, y el 23 de septiembre entregó el poder al jefe de los
rebeldes, el general Eduardo Lonardi.
El apoyo de los grupos nacionalistas a Lonardi confi rió un rasgo
distintivo a su gobierno; y pronto la cuestión de qué hacer con el
peronismo fue el problema pendiente que separó a los lonardistas
de sus adversarios, que lo escoltaban en el gobierno. Desde la
perspectiva de Lonardi, era posible repetir la alianza entre militares
nacionalistas y sindicalismo de 1943, para mantener el movimiento
nacional que se había conformado entonces, baluarte contra el
comunismo, pero ahora sin la infl uencia negativa de Perón y sin
los vicios que lo habían corrompido. Para ello, Lonardi adoptó una
política de acercamiento hacia los trabajadores “preocupados por
el destino de las conquistas sociales y económicas alcanzadas con
Perón y las organizaciones sociales que las garantizaban” (James

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