Del sueño a la estrategia

 
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"No imagino mi vida sin arte", dice Orly, mientras abre los brazos y mira las obras que cuelgan en su oficina en Florida 1000. Tenía apenas nueve años cuando su madre comenzó a vender cuadros en su casa de la calle Valle, en Caballito. En 2015 se cumplirán cinco décadas desde que Ruth Benzacar inició esa aventura que la coronaría como una de las principales marchands de la Argentina.Las reuniones que convertían su hogar en un centro cultural continuaron en el departamento de Talcahuano 1216, donde se sellaría para siempre el vínculo de Ruth con el arte contemporáneo. Y, desde el retorno de la democracia, en este mítico subsuelo donde muy pronto se cerrará otro ciclo. Siempre a tono con las nuevas tendencias, la galería porteña más reconocida a nivel internacional tiene previsto iniciar la próxima temporada en un enorme galpón de Villa Crespo, donde sus artistas podrán realizar instalaciones en gran formato."Mi mamá pertenecía a esa generación de soñadores, de existencialistas... No son comparables esas cabezas con las nuestras y mucho menos con las de ellos", comenta Orly, y señala a su hija Mora, codirectora de Ruth Benzacar, sentada a su lado. Bióloga, ella vivía en Suiza con su marido y sus dos hijos cuando Ruth, que integraba el comité de la feria madrileña ARCO, le ofreció durante una visita a Europa que comenzara a trabajar en la galería. "Sentí una actitud muy generosa de su parte –recuerda–. Estaba muy feliz y de entrada me puso a la par. Yo no era la pasante que se sienta y observa, sino que tomaba decisiones. Cuando se incorporó Mora entendí lo que le había pasado: es...

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