Un estallido en la oscuridad que hizo de Castelar el centro de una pesadilla

 
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Eran cerca de las siete. Afuera gobernaba la oscuridad. Las calles de Castelar estaban desiertas. http://www.lanacion.com.ar/1591729-difunden-la-identidad-de-los-muertos-en-el-choque-de-trenes-en-castelarcon varios minutos de demora. Por eso, pese a la hora, en Liniers se llenaron los asientos. Lidia, de 26 años, viajaba parada. Sebastián Abaca había conseguido un lugar. Se reclinó en una ventana y se quedó dormido. Se despertó cuando estaban llegando a Castelar, pero, al detenerse el tren, el sueño volvió a vencerlo. Francisca Alarcón acababa de subir en Morón. Iba parada porque se bajaba en dos estaciones. Con cierto fastidio, ellos y los otros casi cuatrocientos pasajeros del chapa 19 esperaban que el tren retomara su marcha. Muchos volvían a casa después de haber trabajado en el turno noche. Otros, en cambio, estaban empezando la jornada. Pocos hablaban. Iban cansados, adormecidos. Reinaba el silencio.http://www.lanacion.com.ar/1591727-el-tren-choco-con-la-formacion-que-estaba-detenida-a-62-kmh. Se oyó la explosión. Volaron vidrios. Chillaron los hierros. Tras un golpe seco, metálico, los vagones empezaron a meterse uno dentro de otro. El impacto se tragó unos siete metros del penúltimo coche y del siguiente. Se devoró un tramo del furgón, más una ventana y una puerta del coche siguiente. Todo ese tramo quedó compactado en apenas dos metros de acordeón.Ocurrió en una fracción de segundo. Primero el golpe, y después se fue la luz y llegaron los gritos, la desesperación por salir, por sacarse de encima la pila de pasajeros, por destrabar piernas de entre los asientos, por reencontrarse.Llantos, gritos, aullidos. Eso fue lo que llegó hasta la ventana de Cristian Zanellato, un abogado de 26 años que dormía en su casa, en Segunda Rivadavia, entre Eslovenia y Lobos. Oyó el estruendo y abrió los ojos. El suelo de su cuarto temblaba. Pensó que era un terremoto. No entendía nada. Atinó a mirar la ventana para ver si venía una ola gigante a tragarse su casa. Pero vio el cielo despejado y entonces se asomó al patio. Todavía estaba oscuro y como el tren no tenía luces, no vio nada. En cambio, oyó gritos. Eran lamentos desgarradores. Corrió a buscar una linterna y sin siquiera cambiarse, se calzó las zapatillas y salió.Allí estaba la mole de hierro retorcida, con gente atrapada. Se metió y empezó a ayudar a los heridos. Las imágenes de adentro eran el apocalipsis. Cuerpos apilados, pasajeros luchando por liberarse de los asientos, gente que buscaba sus cosas, que...

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