El espía: Lauchón Viale, el hombre que sabía demasiado

 
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Vinieron a matarme, se habrá desesperado sin resignarse a lo inconcebible, mientras seguía disparando con su Glock. Morir él, el Lauchón, mano derecha de uno de los hombres más poderosos del país, morir en ropa interior, agazapado en el baño de su casa mientras su esposa, Morir él, conocedor de tantos secretos y mentiras del poder. Morir bajo el fuego de los subfusiles que disparaba desde el pasillo la hilera de de la Bonaerense que irrumpieron en su casa de Moreno como una tromba después de destrozar la puerta gritando "¡Alto!" y no "¡Policía!".

Los siete halcones de la fila ue aquella madrugada del 9 de julio de 2013, minutos antes de las 6, se presentaron como policías en la casa de La Reja, y que el Lauchón les disparó y ellos respondieron. Tal vez ése fue el error de Pedro Tomás Viale: no saber, no creer que los invasores eran policías y no asaltantes, y que alguien había decidido -ordenado- su muerte. La esposa y los dos testigos que llevó la policía negaron que éstos se identificaran como tales. También el juez que los procesó.

Cómo iba a creer el Lauchón, agente de contrainteligencia de la Secretaría de Inteligencia, la ex SIDE, que a él, hombre de máxima confianza del ingeniero , eterno factótum de la central de espías, los de la Bonaerense fueran a matarlo como a un perro a sus 59 años, si tantas veces había actuado con el Grupo Halcón en causas de , aunque ubicado detrás de la fila india, no en la mira de los subfusiles MP5 que tal vez gatillaban sus ex compañeros de procedimientos.

Por eso siguió disparando su Glock, que hirió a un halcón en un pie mientras gritaba: "¡Chapa, chapa! ¡Mostrame la chapa!", ordenándoles primero, casi rogando después, que probaran que eran policías y no asaltantes, como él creyó al principio, según relata su mujer.

Ella declaró que los policías dispararon apenas derribaron la puerta del living, antes de que su marido pudiera manotear la Glock. Los que vieron el expediente subrayan que los orificios en la pared del living indicarían que los halcones entraron disparando. Él devolvió el fuego y ellos lo multiplicaron hasta que cesaron los gritos y los disparos desde el baño.

"¿Sabés qué? Ocho horas antes, la noche anterior, en su casa, me dijo que había decidido retirarse. La idea no le gustaba, lo apasionaba su trabajo, pero tenía problemas cardíacos y le habían colocado dos stents. Podía haberse retirado antes porque ellos tienen un régimen especial, pero le encantaba lo que hacía. Entró en la SIDE a los 19 o 20 años. Su padre, mi abuelo, trabajaba allí. De chicos mi viejo nos decía: «Trabajo en una oficina de la Presidencia de la Nación»", cuenta a LA NACION su hijo mayor, Leonardo, odontólogo, de 37 años.

. Once...

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