El espeluznante túnel del tiempo kirchnerista

 
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A sólo 50 días del cambio de gabinete que marcó el retorno de al gobierno tras su licencia médica, ha quedado en evidencia la crisis de un modelo de gestión basado en la hiperconcentración del poder en una Presidenta a la que, paradójicamente, le cuesta cada vez más tomar decisiones.Las telenovelas inspiradas desde el propio Gobierno alrededor del http://www.lanacion.com.ar/1653867-las-idas-y-venidas-en-el-gobierno-por-el-impuesto-a-los-bienes-personalesy del precio del tomate pusieron de manifiesto el prematuro desgaste de un elenco ministerial en el que cada uno parece hacer lo que cree mejor hasta que se advierte que nadie puede adoptar medidas relevantes en ausencia de la primera mandataria. Tanto la imagen de funcionarios condenados por sus propias chapucerías como el llamativo silencio público de la Presidenta, que ya lleva un mes, alimentan la sensación de un gobierno en el freezer y de vacío de poder en el presente contexto de innegable crisis económica.La desautorización presidencial por la anunciada reforma del tributo sobre los bienes personales de la que fueron objeto y , a través de f, apunta al corazón de los temores imperantes en el cristinismo. Hay que mostrar a toda costa que la Presidenta ejerce efectivamente el poder. Si quien tiene las riendas del gobierno no puede exhibir capacidad de conducir termina devorado por el propio peronismo, según una máxima implícita de este movimiento. El interrogante es si Cristina Kirchner efectivamente conduce o apenas se limita a disciplinar funcionarios.Las marchas y contramarchas en el impuesto a los bienes personales y en la postergada importación de tomates de Brasil dieron cuenta de una Presidenta que da órdenes que son anunciadas por sus ministros, seguidas de contraórdenes que terminan dejándolos en ridículo. No son pocos los que se preguntan en el peronismo hasta dónde llegará la paciencia de Capitanich, que llegó a la Jefatura de Gabinete como el artífice del cambio y que ahora no sólo ha sido descalificado por alguien que debería ser su subalterno, como el ministro de Economía, sino que ni siquiera puede oficiar como un vocero confiable del Gobierno.Algunas voces de la Casa Rosada propician el fin de las conferencias de prensa diarias de Capitanich. Si bien éstas ayudaron a poner en evidencia el desconcierto del Gobierno, el verdadero problema no pasa por ellas, sino por la falta de un piloto y de un plan integral para resolver el descalabro actual.La preocupación central del núcleo duro que...

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