El especialista en desarmar al Ciclón, en un 2015 de colección

 
EXTRACTO GRATUITO

El fútbol es un vaivén maravilloso. Las hojas vencidas del calendario reflejan las vueltas de la vida de los futbolistas, de mendigos a millonarios o desde el paraíso hacia al sótano, según el vuelo del tiempo. Carlos Andrés Sánchez tiene 30 años, y siempre con la pelota bajo su suela derecha. Uruguayo, sutil y combativo, según el escenario, se recuesta en una cuna de oro hoy, el mismo que dormía pesadillas en colchones agujereados apenas tiempo atrás. No hay que viajar en el tiempo de modo excesivo: sólo abrir los ojos en agosto de 2013, frío que hiela los huesos en la puerta abierta de Núñez. El uruguayo levanta el portón de atrás, con migajas de lo que supo ser en el traumático y exitoso paso por el ascenso. Nadie lo mira, ni de reojo.

"En River me están empujando para irme, me están haciendo salir de forma forzada. Ramón me dijo que era parte del grupo y ahora estoy totalmente afuera. Con él tengo buen diálogo, esperaba el llamado de un dirigente...", era su mensaje. El ocaso era Puebla, de México: un préstamo a regañadientes. Detrás del ruido del gigante, la tranquilidad de una casa serena. El uruguayo se sintió, a su modo, un exiliado futbolero. Dolido, espiaba de qué iba el asunto, de Norte a Sur.

Se entretiene en silencio en Puebla, extraña en voz alta a Núñez. Las voces de la gloria retoman tiempo después sobre la banda roja: el River de Ramón es el campeón, con un número 8 que recuerda pinceladas del Negro Enrique. Carlos Carbonero, si se permite el término, la dejaba así de pequeña. A la pelota, claro. La vuelta de Sánchez resulta todo un misterio.

No iba a permanecer. Las vueltas del fútbol y de la vida: Ramón crea una gambeta inolvidable y se despide, con la puerta abierta para Marcelo Gallardo, otro hijo pródigo de la entidad millonaria. De pronto, entre tantas decisiones de puño y...

Para continuar leyendo

SOLICITA TU PRUEBA