Un entramado mafioso en el centro de la democracia

La reunión que se hizo en la sede porteña del Banco Provincia, con sus protagonistas detallados.

Una de las consecuencias de la polarización que organiza el tablero del poder en blanco y negro, es que infantiliza el debate hasta extremos delirantes. Es decir, satisface la fantasía pueril según la cual el propio mundo es un paraíso de valores, inmaculado y luminoso, y el del rival concentra todos los vicios y miserias. Ese antagonismo irreflexivo presta un servicio invalorable: impide entrar en contacto con las perturbadoras contradicciones de las que está plagado el propio campo. Sobre todo, con una, principal: que e l sector al que uno pertenece presenta algunos rasgos del contrincante al que se abomina . Cada facción obtiene, entonces, un beneficio. El conjunto, por supuesto, se degrada. Porque esa visión maniquea de los problemas y dificultades bloquea cualquier intento de reforma o solución.

Desde hace varios años el país está atrapado en esta disociación . Aun cuando aparezcan informaciones que demuestran que entre los dos ejércitos en pugna existen vergonzosas continuidades. La presentación judicial que la jefa de la AFI, Cristina Caamaño , formuló el lunes, denunciando el montaje de causas judiciales contra sindicalistas durante la gestión de Mauricio Macri y de María Eugenia Vidal pone en evidencia esa zona de intersección. Demuestra que entre las gestiones del kirchnerismo y de Cambiemos ha habido una lamentable continuidad respecto de una patología: la manipulación de la justicia federal a través de los servicios de Inteligencia para ejecutar persecuciones políticas. Cuando se examina en detalle esa historia, sale a la luz una urdimbre que carece de fronteras partidarias. Quedan al desnudo complicidades cada vez más ostensibles que se extienden entre dos fracciones, al parecer, irreconciliables. La constatación es desagradable: en el centro de la democracia se ha ido expandiendo un entramado mafioso en el que conviven el espionaje y los tribunales . Hay nombres que se repiten. Prácticas que vuelven. Son las ruinas circulares del sistema, donde prospera la corrupción. Y donde ahora asoma el narcotráfico.

Cuando presentó a su gabinete, en diciembre de 2015, Mauricio Macri admitió que no tenía todavía el nombre del nuevo director del área de Inteligencia. Pero prometió que la AFI "estará al servicio de la seguridad nacional, y no como en los últimos años, que se usó para hostigar y espiar a los ciudadanos". Es evidente que no pudo, no supo o no quiso cumplir. En los expedientes judiciales relacionados con la inteligencia clandestina desbordan las evidencias. La primera denuncia detallada sobre esta deformación se publicó en LA NACION el 2 de abril de 2017 . El video que divulgó Caamaño es sólo una corroboración visual irrebatible . Pero sobre estas desviaciones no se escuchan autocríticas. Un silencio relevante, porque el mandato central con el que Cambiemos llegó al poder tenía que ver con la regeneración de las instituciones.

En las imágenes de la reunión en la que Marcelo Villegas , el ex ministro de Trabajo de Vidal, confiesa su fantasía de armar una Gestapo para perseguir a gremialistas, se superponen varios significados. El más obvio es que presta inmerecidos servicios a Cristina Kirchner y, centrando el foco, a Pablo Medina , "el Pata". La escena parece haber sido diseñada a medida de la coartada que suele exponer la vicepresidenta: durante la gestión de Macri existió un dispositivo integrado por funcionarios...

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