Ensoñación y locura

 
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El arquitecto y el Emperador de Asiria / Autor: Fernando Arrabal / Intérpretes: Fernando Albizu, Alberto Jiménez / Música: Rony Keselman / Iluminación: Soledad Ianni / Vestuario: Gabriela A. Fernández / Escenografía: Norberto Laino / Asistentes de dirección: Ana Belén Saint-Jean, Ticiana Tomasi / Puesta en escena y dirección: Corina Fiorillo / Sala: Cunil Cabanellas, del Teatro San Martín / Funciones: de martes a domingos, a las 20.30 / Duración: 95 minutos / Nuestra opinión: buena.

Considerado uno de los creadores más destacados de la generación del 60 en Europa, el español radicado en Francia Fernando Arrabal formó parte del grupo absurdista que caracterizó la época y hasta se animó, junto a Roland Topor y Alejandro Jodorowsky, a crear el movimiento Pánico. En su teatro juega con la muerte, el sadismo, la violencia, la blasfemia, convirtiendo su discurso en una denuncia. Cuestiona los valores con los que se construye la sociedad de su época. Es rebelde, revulsivo, sarcástico, pero construye poéticamente sus escenas y esto lo convierte en un verdadero maestro del drama contemporáneo.

En El arquitecto y el emperador de Asiria (1967) pareciera repasar y resumir, a su modo, muchos de los acontecimientos sociales y políticos de su tiempo. Lo hace de forma casi grosera, multiplicando la estructura de su pieza en un sin número de juegos que los protagonistas deberán sortear a riesgo de ser castigados si no llegan a buen puerto.

Es muy complejo recrear ese mundo, esa expresión de teatro en el teatro en el que los intérpretes deben construir unos personajes que irán mutando en tantos otros, en una continuidad que pareciera no terminar nunca.

Al texto, a su estructura, se le notan los años y no está mal. Se le debe reconocer que ha sido disparador de muchas innovaciones que llegaron después y algunas hasta han...

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