'Emocionalmente me costó mucho bajar a arreglar la casa'

 
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Cuando se entra en la casa de Fernando Vagliati y Graciela Obregón, en Tolosa, se siente un frío que no se percibe en la calle. Ella asegura que se trata de la humedad que aún conservan las paredes, esa que persiste pese a que las limpia una y otra vez. También dice que las plantas siguen impregnadas de ese aceite negro que contenía el agua que la inundó.Pero el panorama es muy distinto del que reinaba un mes atrás durante la primera entrevista con LA NACION. La planta baja está mucho más ordenada; las sillas y mesas, colocadas en su lugar, y hasta hay un mueble nuevo en la sala: una especie de bar de madera donde cuelgan algunas copas. Lo fueron a comprar porque necesitaban algo nuevo, algo que no se hubiese percudido con el agua.Pero Graciela no se atreve a asegurar que haría otra vez lo que hicieron con su marido esa noche: salir a la calle con el agua a la cintura para rescatar a sus vecinos de atrás, los Ferrara, de más de 80 años, que habían quedado encerrados en su casa a merced del agua. "No sé si volvería a salir -dice-. Es por las cosas que pasaron, que uno escuchó luego. En ese momento es como que no lo pensé...

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