Emfer, cientos de trabajos en vilo por el avance chino

 
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"Y junto a la vía, trabajo argentino", arengó Cristina Kirchner. Aún de luto, la Presidenta se mostraba emocionada esa tarde de noviembre de 2010 en la estación ferroviaria de Mercedes. "Porque los vagones que hoy se ponen en marcha son construidos en talleres y fábricas argentinas, y hechos por manos de argentinos", proclamó."Le contaba al empresario concesionario de la línea Sarmiento [por Claudio Cirigliano], que además es el fabricante de la totalidad de estos trenes, que a mí cuando era muy joven, pese a que mi papá era colectivero, me gustaba más viajar en tren", confesó. "El tren es algo que está muy vinculado con nuestra idiosincrasia. Es ver cómo van pasando los pueblos y el paisaje. Es algo muy entrañable", cerró Cristina.El 22 de febrero de 2012, a las 8.33, el tren número 3772 identificado con la chapa 16 chocó con la plataforma 2 de la estación de Once. Murieron 52 personas. El grupo Cirigliano, que había recibido millones de subsidios del Estado, perdió la concesión y comenzaba a ser investigado en la Justicia. Las empresas vinculadas a ese grupo empresario, Emprendimientos Ferroviarios (Emfer) –que había fabricado las formaciones destacadas por la Presidenta en 2010– y Tecnología Avanzada en Transporte (Tatsa), que reparaba colectivos, comenzaron a decaer lentamente hasta que el mismo gobierno que las impulsó les dio el golpe final.La Presidenta se dio vuelta y miró al enorme monstruo de metal. "Estoy asombrada por el barco. Es impresionante. ¿De qué nacionalidad es?", preguntó el lunes último. El ministro del Interior, Florencio Randazzo, le contestó en voz baja. "Es chino", reconfirmó Cristina Kirchner. Ese barco venía a solucionar las urgencias políticas. El Gobierno anunciaba el desembolso de US$ 220 millones para comprar vagones orientales (ya había hecho lo mismo con formaciones de la misma procedencia para la línea Sarmiento).A pesar del discurso nacionalista fue un cierre circular para la incipiente industrialización ferroviaria. Ya en campaña hacia 2015, y tras la tragedia de Once, la decisión oficial de apostar a China frenó el trabajo y la producción en Emfer, donde (sumando a Tatsa) peligran unos 450 empleos directos y 3000 indirectos."Creemos que las fábricas tienen que ser estatizadas", cuenta Julián Radic, uno de los delegados de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) en la empresa y empleado hace 9 años en Emfer. "Los vagones debería hacerlos el Estado. Esta compra...

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