La edad de la indignación

La trama deTal vez, en el futuro, estos años serán recordados como "La edad de la indignación": ya casi no es posible decir nada en público sin recibir a cambio una respuesta airada, furibunda o incluso amenazante. En este "multidiálogo" que está a la orden del día gracias a los medios digitales, no importa que se plantee A o Z, todo argumento, incluso meros datos fácticos (como si dijéramos "ayer estuvo soleado") serán devueltos con una violencia que desconcierta. No existe vínculo lógico entre una afirmación y el enojo que provoca. O, dicho de otra forma, se nos "soltó la chaveta".En nuestra esfera social, no se cumple la tercera ley de Newton, que dice que a toda acción corresponde una reacción (cuando un cuerpo ejerce una fuerza sobre otro, éste reacciona con una fuerza de igual magnitud y dirección pero de sentido contrario). Parecerá una observación banal, pero ya se convirtió en materia de estudio en muchos ámbitos. Incluso se habla de grupos de "odiadores", personas que se complacen en atacar coordinadamente como si fueran pirañas disfrazadas de jueces sin fines de lucro. Siempre hubo individuos violentos, pero la ferocidad generalizada que se da en el mundo virtual es inédita. Es cierto que se trata de una agresión que no pasa de lo verbal, pero eso no la hace menos menos nociva.Las neurociencias, la sociología y la filosofía ofrecen hipótesis para explicarla. En estos días, un psiquiatra llamado Pablo Malo (al que no conozco personalmente) difundió ideas interesantes que podrían aplicarse a este problema: postula que aunque "la moral es el eje del buen funcionamiento social, mantiene nuestros instintos egoístas más básicos al servicio del bien del grupo, y favorece la cooperación y el altruísmo dentro de la comunidad", también tiene aspectos negativos."Vilipendiamos y deshumanizamos a aquellos que no están de acuerdo con...

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