Una dramática lección de populismo

 
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Sucedió en los últimos días una lección práctica de lo que significa el populismo en la economía. Es el gasto desmesurado e inmediato de los recursos del Estado. Es el presente continuo, cuando desaparece el porvenir. Prevalece la impresión de un progreso fugaz mientras se olvidan las necesidades más profundas de la sociedad. Las inundaciones en la provincia de Buenos Aires dejaron a miles de personas sin las cosas acumuladas a lo largo de una vida. Las obras públicas que hubieran evitado esa catástrofe no se hicieron nunca. Casi contemporáneamente se conoció un informe de la Auditoría General de la Nación sobre el derroche del dinero público en Aerolíneas Argentinas. Todo eso ocurrió en la década más generosa en condiciones internacionales que vivió la Argentina desde la última posguerra mundial.

El gasto público está en el porcentaje inédito del 48 por ciento del PBI. La presión tributaria que sufre la sociedad argentina, si se acumulan todos los impuestos, los directos y los indirectos, supera el 45 por ciento de los ingresos. Sin embargo, el Estado se convirtió en una oficina de construcción política. La masa de empleados públicos, nacionales y provinciales, sumaba en 2003 a unas 2.300.000 personas. Ahora esa cifra ascendió a 4.000.000. Casi el doble de empleados para un Estado que puede poco y nada. Es cierto que de esa manera se escondió una parte del desempleo, pero también es verdad que benefició a los desempleados kirchneristas.

La polémica entre Daniel Scioli y Sergio Massa por la culpa de las inundaciones fue vana y superficial. Si existiera una incidencia de los barrios cerrados en el fenómeno de las inundaciones, la responsabilidad recaería tanto en los intendentes como en el gobierno provincial. Los primeros conocen de cerca el supuesto problema y el segundo debería, asesorado por los primeros, confeccionar una ley reglamentaria para la construcción de esos barrios. Pero el problema más importante no está ahí: reside en la falta de obras para evitar que las aguas arrastren vidas y enseres. ¿Quién se olvidó de los frecuentes torrentes de agua y sus consecuencias?

El presupuesto de la provincia de Buenos Aires tiene asignado sólo un 2 por ciento para obras públicas. Ese porcentaje no le alcanza ni para el mantenimiento de lo que ya está, mucho menos para iniciar algo nuevo. El objetivo casi excluyente del gobierno bonaerense es pagar los sueldos al día. Punto. La provincia de Buenos Aires recibía en 2001 unos 700 millones de...

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