Dos niños murieron en Flores al incendiarse un taller clandestino

 
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en el barrio de Flores en la que funcionaba un taller textil clandestino desde hace varios años. El incidente volvió a poner en foco la problemática del trabajo esclavo y de las usurpaciones en la ciudad.

El caso trajo del recuerdo un drama similar ocurrido el 30 de marzo de 2006 cuando se incendió un inmueble en el que funcionaba un taller textil clandestino, en Caballito. Esa vez murieron una pareja y cuatro chicos, todos bolivianos.

. Si bien la propiedad ocupa toda la esquina, en la intersección con Terrada, los médicos del SAME y los bomberos sólo pudieron ingresar en la vieja casona a través de una puerta lateral; el lugar tenía tapiada la mayoría de las ventanas y otros accesos, presuntamente para ocultar la actividad ilegal que se desarrollaba en su interior.

Por motivos que todavía no se esclarecieron, se desató un incendio en el subsuelo de la propiedad, donde estaban las camas y las sábanas. Claudio Macchi, jefe de bomberos de la Policía Federal, confirmó el hallazgo, en una especie de habitación, de los dos menores fallecidos; se encontraban en una posición como de dormidos y se presume que murieron por inhalación del humo, antes de ser abrasados por las llamas.

En tanto, fueron trasladados al hospital Álvarez tres adultos, dos de los cuales serían los padres de los niños. Una mujer de 41 años, que presentaba quemaduras en el rostro y en la cabeza, y un hombre de 45 años, derivado por inhalar el humo. El tercer paciente es un efectivo policial que se intoxicó cuando intentaba socorrer a las víctimas.

Casos reiterados

Según el relato de los vecinos de ese rincón de Flores, la casa había sido tomada hace siete u ocho años y era utilizada por una familia de nacionalidad boliviana como taller clandestino para confeccionar vestimenta. Idéntica situación, dijeron, se repite en una decena de propiedades emplazadas en un radio de pocas cuadras, sin que las autoridades acierten con algún tipo de intervención estatal para erradicarlas.

La zona queda a cinco cuadras de la intersección de las avenidas Nazca y Avellaneda, uno de los principales puntos de la ciudad donde proliferan los manteros y puestos de venta ilegal de ropa que supuestamente abastecen talleres clandestinos de las cercanías. En toda la Capital, especialmente en los barrios del Sur y del Oeste, funcionarían unos 3000 establecimientos textiles clandestinos, estimó Lucas Schaerer, de la Fundación Alameda, que lucha contra el trabajo esclavo (ver aparte).

La vecina Lorena...

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