La doble moral del kirchnerismo, una política de Estado

En los años noventa, bajo el paraguas de la confidencia, un dirigente muy conocido era descripto así por uno de sus principales operadores: "No es que sea mentiroso, es que no conoce la verdad".La palabra "verdad" acaba de ser revalorizada por Joe Biden, en el nacimiento mismo de su presidencia. Prometió restablecer la democracia y la verdad. Nada menos, luego de los cuatro años de inusitado populismo en la Casa Blanca, encarnado por Donald Trump. Es imposible no encontrar una resonancia entre nosotros de ese proceso, sin que eso implique exagerar comparaciones, confundir dimensiones y soslayar diferencias.Biden habló de unidad y planteó la reposición de la verdad como condición necesaria. Está ya gastada la advertencia de intelectuales de que los datos fácticos fueron reemplazados por creencias y supuestos ajustados a la conveniencia de un individuo o de un grupo. Lo que ahora ocurre es la dolorosa comprobación del daño que ese fenómeno produce en los sistemas políticos más desarrollados.En nuestro esquema de poder, la verdad también es un valor relativo. Y, peor, está complementada con la aplicación al desnudo de una doble moral política ajustada a la conveniencia de cada momento y según de quién se trate. Sobran los ejemplos más recientes para explicarlo.Cada vez que viaja a una provincia, Alberto Fernández se autoproclama el presidente más federal. Pero al final de su primer año, los datos escritos de su propia administración muestran que los fondos nacionales han sido derivados en su enorme mayoría a atender un solo distrito, la provincia de Buenos Aires, donde reside el capital político del kirchnerismo.Ese hecho está extremado por la quita de fondos coparticipables a la ciudad de Buenos Aires en beneficio directo del conurbano. Por simétrico criterio por el que resulta privilegiado el gobierno de Axel Kicillof, la Capital fue descripta como "opulenta". Pero su verdadero pecado es votar en contra del actual oficialismo.El regreso a las clases presenciales, uno de los temas más debatidos en esta etapa de la pandemia, también está cruzado por el doble discurso. El Gobierno dice que desea que los docentes vuelvan a las aulas, pero los gremios que integran su esquema de poder se oponen. No es difícil saber por quiénes están optando Cristina Kirchner y Alberto Fernández: por los millones de chicos que perdieron contacto con la educación o por la estructura sindical que mantiene el privilegio de que sus agremiados sean los únicos...

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