El disfrute íntimo de contemplar un cambio

 
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Podría decir que cuando por las noches, después de comer, dedico unos minutos a regar la huerta de casa y los frutales que crecen en mi patio, lo hago para despejar las tensiones del día laboral y poder así conciliar el sueño con mayor facilidad. Es cierto, algo de eso hay, pero no es sólo eso.Tampoco es que sea un fundamentalista de la comida orgánica, ¡ni por asomo! Disfruto de llevar a mi mesa frutas y verduras crecidas bajo mi cuidado, de eso no hay dudas, pero proveer el alimento de mi hogar no es el motivo que me lleva todas las mañanas, mientras espero a que se caliente el agua del mate, a chequear qué tanto han crecido los tomates, los pepinos, los zapallos, los ajíes, los limones, las mandarinas, los quinotos y las aromáticas que alberga mi pequeña porción de tierra.Tendría que agregar que es cierto que disfruto horrores cuando los fines de semana paso un rato con mis hijas sacando yuyos, podando, sembrando y plantando. También que cuando alguien en casa propone por qué no plantamos tal cosa o tal otra , mi cabeza empieza a girar detrás de la idea, pensando dónde conseguir las semillas o los plantines, dónde hacerles un buen lugar y cuándo tendré tiempo para poner la idea en marcha.Hasta debo admitir que se ha convertido en un motivo de conversación casi obligado, cuando familia y amigos visitan la casa, y les muestro cómo crece nuestra huerta. Con orgullo, disfruto de llevarlos a...

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