Un dinosaurio... ¿vivo?

 
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En los años setenta, los gobiernos militares impulsaron el desarrollo de industrias básicas como forma de consolidar la soberanía nacional y evitar la dependencia del exterior. Como esos propósitos coincidían también con el ideario peronista, los distintos proyectos sobrevivieron a los cambios de gobiernos, civiles o de facto.La particularidad de muchos de estos es que demandaron enormes recursos del Estado por vía de créditos de la banca de desarrollo, avales de la Secretaría de Hacienda y una artillería de mecanismos fiscales para suplir la falta de capital de los inversores con exenciones impositivas o diferimientos de IVA.Esas enormes plantas se construyeron y se pusieron en marcha con suerte desigual, ya que, en algunos casos, los proyectos no apuntaban realmente a producir insumos en forma competitiva, sino para invertir en exceso fondos públicos y de esa manera obtener "retornos" de contratistas y proveedores. Años después cambiaron de manos y varias fueron vendidas a inversores serios que las pagaron a su verdadero precio. Es decir, por mucho menos de lo que costaron al erario público.El tiempo ha pasado y esas distorsiones quedaron en el olvido. Quizás sepultadas bajo escándalos mayores, como los ahora ventilados en la justicia federal.Sin embargo, uno de esos "dinosaurios" (parafraseando a la diva del teléfono) aún ¡queda vivo! y no es necesario visitar el Museo de Ciencias Naturales de La Plata para estudiarlo. Se trata de un enorme saurio del Jurásico, extinguido hace varias décadas, justamente en la Patagonia, uno de los reservorios de fósiles más grandes del mundo. Lo sorprendente es que, siendo presidente, lo resucitó con una imposición de manos normativa, que demostró su olfato para armar negocios desde el poder.Nos referimos a Alpat o Alcalis de la Patagonia, la productora de carbonato de calcio (soda solvay), insumo para la fabricación del vidrio, radicada en Río Negro, donde abundan las salinas y la piedra caliza. La historia de Alpat comenzó en 1973, cuando el Estado nacional celebró el contrato inicial para la construcción de la planta. Sin embargo, hasta el año 2005 no había sido puesta en marcha a pesar de haber insumido más de US$500 millones en fondos del Estado, según estimaciones privadas.En 2004, Néstor Kirchner visitó San Antonio Oeste y los directivos de Alpat le solicitaron pesificar sus deudas, refinanciar pasivos y obtener mayores prebendas fiscales, pues la empresa tenía patrimonio neto negativo. Dados...

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