El dilema para Cristina de hablar sin red

 
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El dilema de , acostumbrada a hablar hasta por los codos sin mayores riesgos, es cómo lograr hacerlo fuera de su zona de confort, sin pagar costos extras (léase: evitar referirse a los temas más incómodos que le puedan echar en cara, como sus graves problemas pendientes con la Justicia, su relación directa con comprobados hechos de corrupción durante sus gestiones, el repaso de sus medidas de gobierno más controvertidas y la razón de su enemistad manifiesta hacia los medios de comunicación y el periodismo en general).

Se trataría de una experiencia del todo novedosa para ella ya que antes, cuando era presidenta, sólo lo hacía por cadena nacional frente a un auditorio de dóciles aplaudidores que todo lo asentían y no le discutían nada. Tampoco varió mucho la cosa luego de abandonar el poder, porque repitió el esquema ante auditorios más chicos, pero siempre rodeada igual de sus dirigentes de confianza y fans reclutados con precisión de casting. En varias ocasiones impidió, inclusive, la cobertura libre de esos actos por parte de la prensa.

La naturaleza fóbica de la viuda de Kirchner, acentuada tras la muerte de su marido, llegaba al punto de que en la Casa Rosada y en la Residencia Presidencial de Olivos se esterilizara de miradas indiscretas del personal estable los lugares por los que ella solía transitar. Solitaria y refractaria a las relaciones sociales y de amistad por fuera de su notorio trabajo contrastaba con su sobreexposición en sus verborrágicas piezas encadenadas ante millones.

La obsesión por controlarlo todo la hizo gastar verdaderas fortunas en armar su propia colección de medios adictos, la mayoría de los cuales se extinguieron tras su alejamiento del poder o que aún languidecen en pésimas condiciones, con salarios que se pagan a destiempo y en cuotas.

En su momento se le dio a Cristina Kirchner por querer barrer del aire al periodista Marcelo Longobardi y literalmente se lo ordenó, con cajas destempladas, al todavía dueño de Radio 10 y C5N, Daniel Hadad, tras humillarlo con una espera interminable en Olivos antes de someterlo a una filípica altisonante. Como éste se resistió, las presiones continuaron hasta que Hadad debió desprenderse de su holding audiovisual que terminó comprando Cristóbal López.

Precisamente fue Longobardi, el miércoles último, quien en su muy escuchado editorial por Radio Mitre dijo: "Tengo muchas dudas de que Cristina pueda dar un reportaje normal de un periodista profesional y con independencia...

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