Un día con Vidal: el test diario de una Heidi muy exigente

 
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El estruendo del rotor se cuela por mil hendijas en la cabina del helicóptero de la gobernación bonaerense y, en un segundo, todo el glamour del vuelo parece desvanecerse. Pero aún no: falta que se cubra las piernas con un sacón que hace las veces de frazada, porque desde algún lugar entra un chorro de aire frío que congela los pies; que la misma frazada se estire para abrigar al secretario de Comunicación, Federico Suárez, al de Asuntos Municipales, Alex Cambpell, y a media pierna del vocero Patricio Lessa; y que Suárez incruste la agenda de la gobernadora en el agujero mayor: una raja de 20 centímetros en la puerta de la nave, donde alguna vez debió existir un burlete. Ahora sí, el helicóptero de la mujer que gobierna la provincia más poderosa del país toma altura.

El viaje, con destino a las localidades de Ranchos y General Belgrano, es la tercera actividad del día que Vidal compartió con dos periodistas de LA NACION y Clarín, el pasado lunes.

En esos pueblos, Vidal mostrará su faceta más conocida: entregará viviendas en Ranchos -dos de ellas a los policías baleados durante la triple fuga de diciembre-, probará el locro del aniversario de General Belgrano, y se dará uno de sus gustos: el timbreo. Caminar dos cuadras de un barrio, sorprender a los vecinos que estén, entrar en sus casas y, por quince minutos, también en sus vidas. "Mi cable a tierra", dice Vidal, después de sacarse la selfie número mil.

Hay pedidos, algunos reclamos, pero la gente reacciona más como si quisiera cuidarla que exigirla. Especialmente las mujeres.

Pero es en las reuniones previas a ese viaje donde Vidal dejará ver la faceta menos conocida de su día a día: el nivel de exigencia que plantea a sus funcionarios. Una rienda corta, bien regada con sonrisas, pero lejos del aura de "hada buena" que trasciende las pantallas. Si es la Heidi con que la critican, Vidal parece una Heidi que reclama resultados con bastante insistencia a sus funcionarios.

La jornada comenzó a las 9, en La Plata, con una reunión de seguimiento del Ministerio de Infraestructura. Un episodio más de lo que Pro llama "tablero de control": cada área informa a la gobernadora sus avances, para controlar los objetivos fijados a comienzo de año.

Quince funcionarios se sientan en torno al enorme mesón del Salón de Acuerdos de la Gobernación. Detrás, una decena de asistentes toman nota. Vidal ocupa la cabecera, rodeada por Suárez y Roberto Gigante, su ministro de Coordinación....

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