Después de las PASO

El resultado de las elecciones primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO) realizadas anteayer en todo el país mostró que el candidato presidencial del oficialismo, Daniel Scioli, consiguió sortear, al menos por ahora, un escándalo sin precedente, dado por la acusación de complicidad con el narcotráfico contra una alta figura del gobierno nacional. Del mismo modo, el actual gobernador bonaerense pudo esquivar, también por el momento, las consecuencias de los desastres que en materia económica está dejando la administración de Cristina Kirchner, representados por la alta inflación, el colosal déficit fiscal, la caída de las exportaciones y la crítica situación de vastos sectores, además de una desconfianza generalizada de los inversores y un aislamiento internacional sólo mitigado por el apoyo del gobierno venezolano y el respaldo ocasional de los gobiernos de Rusia y China.

No ha sido menor el aval en las urnas cosechado por Scioli si se mide objetivamente el grave contexto socioeconómico e institucional que nos están dejando los últimos años de pésima gestión kirchnerista. Se trata de un porcentaje de votos, de alrededor del 38 por ciento, inimaginable hoy para cualquier otro postulante presidencial del Frente para la Victoria.

Sin embargo, tal apoyo en la primera ronda electoral para definir al próximo presidente de la Nación no parece suficiente para garantizarle al candidato de la Casa Rosada un éxito rotundo en los comicios generales de octubre que le permita evitar el ballottage frente al postulante más votado de la oposición. La caída del acompañamiento popular al oficialismo se advierte con claridad si se comparan los guarismos del domingo pasado con los logrados en las últimas elecciones homólogas. En las PASO presidenciales de 2011, Cristina Kirchner sumó más del 50 por ciento de los votos: todo un dato que evidencia la disminución de simpatías hacia el partido gobernante. Y que, seguramente, habría sido más ostensible de no ser por la persistencia de una política clientelista y prebendaria que se ha acentuado hasta niveles escandalosos.

De esta misma cultura clientelar forma parte el arcaico sistema de votación que rigió los comicios de anteayer. Lento, farragoso e ideal para que caudillejos del conurbano bonaerense y de otros territorios hagan gala de su capacidad para robar boletas de los cuartos oscuros, apretar a militantes y fiscales de fuerzas políticas rivales o articular mecanismos fraudulentos como el...

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