Despolitizar la lucha contra la pobreza

Autor:Equipo Federal del Trabajo
RESUMEN

El P Pedro Opeka, es un misionero argentino, de la Congregación de san Vicente de Paúl que trabaja desde 1975 en Madagascar

 
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“El amor no es asistir de manera perenne a un pobre, es darle trabajo y herramientas..."

El P Pedro Opeka, es un misionero argentino, de la Congregación de san Vicente de Paúl que trabaja desde 1975 en Madagascar. Con miles de personas que vivían reciclando basura en un vertedero, comenzó a construir viviendas y sus propias vidas. Hoy es una ciudad con más de 20.000 habitantes, se llama Akamasoa, que significa "buenos amigos”. Está dotada de talleres, guarderías, escuelas y centros de formación

¿Cómo nació tu vocación, cómo te diste cuenta del llamado de Dios en tu vida?

El llamado de Dios me llega bastante temprano yo tenía 15 o 16 años, en mi primera experiencia en Junín de los andes con los mapuches, con los más pobres, un año más tarde con los matacos en el norte. También viendo las villas aquí en Buenos Aires. Todo eso me fue cuestionando, me fue interpelando. Que si yo iba a ser sacerdote, para qué y para quién iba a ser sacerdote. En aquel tiempo dije sacerdote misionero entre los más pobres.

En aquel momento en la Argentina yo veía pobres pero eran focos de pobreza no veía una pobreza generalizada, por eso yo pensé en 1968 cuando yo me fui de la Argentina que ese problema lo van a solucionar aquí los jóvenes universitarios, los católicos, los cristianos comprometidos. Yo voy a ir al África o al Asia a trabajar por los más pobres. No como huyendo o pensando que en África los pobres son más exóticos, más buenos o más bonitos. Era para compartir con ellos un ideal Evangélico que era dar una mano, vivir en medio de ellos para traerles la esperanza, traerles el amor de Dios. Salí de la Argentina en aquel momento todavía en barco porque en avión era muy caro. Me fui por un ideal al África como hermano a llevar un mensaje de amor de Cristo y del Evangelio.

La pobreza en África es endémica desde hace muchas décadas, ahora nuestro país lo está experimentando: ¿Cómo se puede promocionar a las personas, como se puede ayudar al pobre endémico?

Esa pobreza endémica tiene unas raíces, esa pobreza endémica no cayó del cielo. No es un fruto de la casualidad.

Esa pobreza endémica fue creada por mucha gente que no ha tomado su responsabilidad. Cada vez más lo digo con sinceridad tanto en África como en América Latina, son los dirigentes que han llegado al poder durante los últimos cincuenta años que no han hecho, o que han hecho casi nada por los más pobres de estos países. Y si alguien pide ser elegido, ruega a la gente de que lo elijan porque dice comprender el dolor y el sufrimiento del pueblo, dice tener soluciones a todos esos problemas y el pueblo lo elige con mucha esperanza, pero luego, cuando llegan al gobierno se olvidan.

En África he visto que después de la colonización hubo como un estado de ebriedad del poder: pensaron ahora sí que tenemos el poder vamos a solucionar los problemas de los hermanos y fue lo contrario. Antes vivían casi mejor que hoy porque antes no había este nivel de pobreza. Porque los dirigentes políticos ebrios de celebridad , ebrios de poder, de honor y de orgullo se olvidaron de trabajar por el pueblo. Se olvidaron que la mayor parte del pueblo vivía en condiciones infrahumanas y por debajo del umbral de la pobreza.

Comenzaron luego de la independencia la lucha por el poder por el poder no para servir. No en trabajar a favor de la gente marginada y olvidada de la sociedad sino que era el poder por el poder, el dinero por el dinero, el honor por el honor. Ahí la pobreza crecía. Yo lo he visto con mis ojos y he visto como la pobreza iba matando el alma; el alma africana, el alma malagasi. Que es el pueblo donde yo trabajo hace 36años. Era un pueblo extraordinario bueno por naturaleza, que era acogedor pero las grandes ciudades mató el alma y la sabiduría de los antepasados. Que era una civilización de mucho respeto, de mucho amor, de mucha solidaridad entre las familias. Todo eso la pobreza a fuego lento lo fue ahogando y al final matando. Siempre digo que la extrema pobreza es una cárcel, como también el exceso de riqueza también es una cárcel, y yo diría que entre los dos extremos viven encerrados. Viven en dos mundos que se oponen que se odi!an y que se ignoran. Yo me pregunto si no podríamos vivir más libres, no en la cárcel, sin la pobreza o el exceso de riqueza sino con lo que necesitamos. Todos viviríamos mejor con más felicidad y con más paz.

La actual generación y la futura tendrán que trabajar mucho para que esta paz social sea una realidad. En África pensamos que esta pobreza se puede vencer porque no es el fruto del destino de una fatalidad, es el fruto de una voluntad política que no se ha ocupado de los más pobres. Hoy nosotros en un basurero con miles de personas estamos demostrando que se puede vencer esa pobreza, donde había exclusión, hoy hay vida comunitaria, donde había chicos que mendigaban en la calle, hoy están estudiando, donde había padres de familia que vivían en la calle mendigando hoy están trabajando, hoy me dicen Padre dame un trabajo, y hace que estamos mostrando con nuestras acción, con nuestras obras, que la pobreza pueda ser vencida y no a largo plazo también incluso! a corto plazo y con la gente del país, no necesitamos expertos internacionales de las Naciones Unidas, son muy caros, un experto vale cincuenta obreros en África, cincuenta maestros en África. Que nos den ese dinero y se lo daremos a los profesores para que eduquen a nuestro pueblo y así vamos a salir de la pobreza. No nos faltan ideas, nos faltan medios, nos falta ayuda financiera. Claro que no hay que dársela de manera ciega a los gobiernos que todavía no han demostrado su capacidad. Hay que darlas a aquellos que le tenemos confianza. Yo siempre digo por todos los lugares donde paso hay que ayudar a los misioneros que están en una relación directa con los pobres, si usted conoce a un misionero...

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