Cuando despertó, el murciégalo aún estaba allí

 
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Nadie duda de la influencia de las redes sociales. Que el color de un vestido se haya transformado en tema de conversación y de debate (¡!) en todo el mundo es prueba suficiente por ahora. El fenómeno fue muy bien explicado en un artículo de El País de España (soporte papel): en "¿Pero de qué color era el vestido", Jaime Rubio Hancock escribe que para el especialista en contenido viral Neetzan Zimmerman "tiene todas las cualidades de un éxito viral: es tonto, divide, es visual y compartible".

En un ámbito mucho más reducido pero no menos importante, hubo hablantes sorprendidos y divididos por una noticia que compartieron. Así, el 23/2, consultó el periodista, escritor y diplomático Albino Gómez sobre lo que él y tantos otros lectores consideraron casi una pesadilla lingüística: "Acabo de leer en la Revista Ñ del pasado viernes, que la Real Academia Española ha sumado a su léxico, en la nueva edición, palabras como murciégalo, almóndiga, toballa y crocodilo, todas ellas ascendidas de errores a coloquialismos, después de ganarse tal ascenso a fuerza de perseverancia en el decadente lenguaje diario. ¿Es esto una broma de mal gusto o se trata de una realidad?"

Aun en esta época de comunicaciones simultáneas, llegamos tarde a las noticias. O nos falta la debida experiencia, como hubiera dicho un personaje de Borges. Por ejemplo, con respecto a murciégalo, en una consulta hecha hace nueve años (el 3/4/2006) a su "Diálogo semanal con los lectores", la profesora Lucila Castro respondía: "Si alguien dice hoy «murciégalo», es muy probable que se lo tache de ignorante, aunque esta forma figura, sin ninguna indicación de que haya caído en desuso, en el Diccionario de la Academia. La forma que se usa actualmente, murciélago, es una metátesis (cambio en el orden de los sonidos en una...

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