Desafortunada iniciativa contra el periodismo

Sería injusto decir que el gobernador de Chaco, Jorge Capitanich, ha sido un http://www.lanacion.com.ar/1577360-un-gobernador-kirchnerista-quiere-que-haya-un-control-popular-a-los-periodistaso que ha estado vinculado como el que más con la izquierda burocrática enquistada en el poder durante la era kirchnerista. Capitanich ha actuado en estos años con las oscilaciones propias de la mayoría de los gobernadores de provincia, con fastidios íntimos por los desvíos más temerarios de la Casa Rosada, y hasta en algún momento, con la convicción anticipada de que el ciclo de los Kirchner se encontraba definitivamente agotado.No se entendió bien, por lo tanto, que a estas alturas hubiera salido con el anuncio de que propiciaría un proyecto de ley por el cual se http://www.lanacion.com.ar/1577532-legisladores-opositores-acusan-a-jorge-capitanich-de-ejercer-una-presion-insoportable-contra-la-prensa, con la obligación de hacer público el patrimonio de los oficiantes alcanzados por esa norma eventual. Pasaron apenas unos días antes de que el gobernador chaqueño pusiera paños fríos en su declaración. Acaso ésta había fermentado en el contexto impaciente de la conducción del Partido Justicialista, reunido para emitir un comunicado con la denuncia de supuestas acciones "destituyentes" en el país. Lo último que ha dicho Capitanich es que no pretendió introducir "ningún (nuevo) apriete" y que, de no encontrar consenso, retiraría la controvertida iniciativa.Como era inevitable, el gobernador ha debido atajar una catarata de fundadas críticas a la propuesta inicial. Las declaraciones patrimoniales públicas impuestas por ley conciernen a quienes de un modo u otro –gobernantes, funcionarios de diverso orden, legisladores– toman decisiones relativas a los negocios públicos del país, por las que se juegan los recursos fiscales extraídos del trabajo y esfuerzo de la sociedad en su conjunto. Ni los médicos, ni los plomeros, ni los periodistas como tales tienen nada que hacer en ese mundo regido por la política y en representación del interés tantas veces violentado de la ciudadanía.El mismo código de ética sobre el que habló Capitanich no es más que un retorno a proposiciones similares hechas en el pasado desde el ámbito oficial cuando la crítica por escándalos públicos alteraba más de la cuenta el nervio de los gobernantes. Ocurrió con la actual presidenta Cristina Kirchner, dos años atrás, y antes que con ella, con el presidente Carlos Menem. Se ha olvidado de que los periodistas...

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