Derrumbe de una construcción precaria

 
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La derrota ha sido letal para el kirchnerismo. La razón, muy simple: los Kirchner concibieron un proyecto de poder en el que no se pondría el sol. Esa ilusión de eternidad tiene una demostración incontrastable. Y es que el entramado de corrupción que urdieron la ex presidenta y su esposo es tan primitivo, tan rudimentario, que sólo resulta concebible en gente que imaginó controlar las palancas del Estado de por vida.

Cristóbal López armó un holding energético y mediático con los 1000 millones de dólares del impuesto a los combustibles que retenía a sus clientes. Ahora se derrumba en la depresión. Ni siquiera el socio de Mauricio Macri, Nicolás Caputo, le atiende los teléfonos. Y eso que Federico Achával, alter ego de López en los casinos, no para de llamar.

Lázaro Báez embolsaba cientos de miles de dólares en una financiera que, para que todo quede claro, se llamaba La Rosadita. Las filmaciones de esas manualidades confirman las confesiones de Leonardo Fariña y Federico Elaskar. A pesar de que después se retractaron.

Aerolíneas Argentinas, presidida por Mariano Recalde, de La Cámpora, pagó 35.000 noches a los hoteles de Cristina Kirchner y su hijo, Máximo, el jefe de La Cámpora.

El miércoles de la semana pasada este cuadro se volvió todavía más sombrío: Martín Lanatta, uno de los condenados por el triple crimen de Quilmes/General Rodríguez, narró ante la jueza María Servini de Cubría y el fiscal Juan Pedro Zoni los detalles de su fuga del penal de General Alvear, junto con Cristian Lanatta, su hermano, y Víctor Schillaci.

Si la jueza verifica los pormenores que reveló el detenido Lanatta, Aníbal Fernández quedará al borde del abismo. Malos días para Fernández: Servini llamó a declarar a dos personas de su máxima intimidad, Lucas Gancerain y Pablo Palladino. Es sobre las irregularidades del programa Fútbol para Todos.

Las confesiones de Lanatta son, por supuesto, sospechosas. Él quiere demostrar que la justicia de Mercedes, que lo condenó a cadena perpetua, fue manipulada por el ex jefe de Gabinete y ex ministro de Justicia de los Kirchner. Lanatta denunció esta supuesta patraña en el programa de Jorge Lanata, en agosto de 2015, cuando afirmó que el protector oficial identificado como "la Morsa" era, en realidad, Aníbal Fernández. Ante Servini, Lanatta sostuvo que la fuga fue forzada por Fernández, quien se propuso vengarse de él y sus secuaces, asesinándolos.

El punto de partida del relato de Lanatta es la visita del abogado Antonio...

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