La derrota de Cristina sólo ha comenzado

 
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Siempre se sabe cuándo comienza una derrota, pero nunca cuándo ni cómo termina. La caída electoral del cristinismo significó también la cárcel inmediata del otrora todopoderoso Julio De Vido. En esa cabeza está el disco rígido de la corrupción de 12 años de gobierno. A su vez, gobernadores y muchos legisladores peronistas rompieron las cadenas del tutelaje cristinista. Y está por suceder el colapso definitivo de Cristóbal López, a punto de perder todas sus empresas y su libertad. Sólo una coincidencia es perceptible en un amplio abanico de la dirigencia política y social: preocupa en esos sectores que Cristina Kirchner caiga presa prematuramente. ¿Para qué crear una mártir entre sus fanáticos? ¿No sería mejor, acaso, que su inevitable prisión ocurra por razones justas y limpias? En esta conclusión convergen oficialistas, peronistas y empresarios, entre otros.

La Cámara de Casación Penal definirá en los próximos días si la apropiación por parte de Cristóbal López de dinero del Estado es un delito del fuero Penal Económico o del Penal Federal. Si como quiere la AFIP, el tribunal decidiera que es un delito federal, a Cristóbal lo espera la cárcel. Cerca de la Cámara de Casación se adelantó que la voluntad mayoritaria de los jueces se inclina por considerarlo un delito federal; es decir, un delito que se paga con prisión. Si, por el contrario, fuera un delito penal económico, Cristóbal podría arreglar sus cosas ingresando a una moratoria. La AFIP detesta esa alternativa. La posición de la agencia tributaria es que Cristóbal no es un evasor más, sino un empresario que cometió defraudación al Estado y que, por lo tanto, debe ir a la cárcel. Sin embargo, lo que se discute se reduce a cuál será el final personal de Cristóbal. El derrumbe definitivo de lo que fue un imperio económico, que creció a la sombra del poder kirchnerista, es ya una realidad inmodificable.

La empresa Oil Combustibles, propiedad de Cristóbal, se quedó con las retenciones del impuesto a las naftas y con ese dinero financió el desarrollo de otras compañías propiedad del Grupo Indalo, la casa central de todas las empresas de López. Tuvo complicidad del Estado, porque la anterior conducción de la AFIP le dio indebidos y generosos planes de pagos para esas retenciones. Mientras tanto, Cristóbal reinvertía en sus empresas el grueso del dinero que era del Estado. La deuda es ahora de unos 10.000 millones de pesos, sumados los intereses de la vieja deuda y nuevos descubrimientos de...

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