El derecho al silencio y el derecho a ser oído. Sus alcances. Tensiones. La paridad de armas

Autor:Pablo Alejandro Fernández Quintás
Cargo:Instructor Judicial en el Ministerio Público Dptal. San Martín, pcia de Buenos Aires
Páginas:95-111
 
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El derecho al silencio y el derecho a ser oído. Sus alcances. Tensiones. La
paridad de armas
Pablo Alejandro Fernández Quintás*
Sumario
§1.- Introducción.-
§2. Caracterización del derecho al silencio. El trilema cruel.-
§3.- El derecho a la privacidad y el derecho al silencio.-
§4. Reformulación del trilema cruel. El imputado y ciertos testigos.-
§5.- El derecho al silencio. La protección contra la coerción estatal.-
§6.- La presunción de inocencia.-
§7.- El derecho al silencio completo. Las inferencias adversas.-
§8.- El derecho a ser oído. La paridad de armas. La declaración del imputado. El papel del abogado
defensor. La operación del sentido común. Tensiones.-
§9.- Consideraciones finales.-
§1.- Introducción. Quedaron ya en nuestra memoria histórica compartida, los
tiempos en los cuales el acusado de un delito, se enfrentaba al verdugo para
cumplir con la finalidad simultánea de expiar su culpa y, principalmente, serle
arrancada su confesión. Visto de este modo, y por supuesto desde nuestro actual
Derecho Penal Liberal Occidental, el derecho al silencio encuentra su explicación
casi obvia, en la protección contra la autoincriminación. Sin e mbargo, una vez
establecida la prohibición de los tormentos a tal fin, desde el Iluminismo,
materializado en la Revolución Francesa en 1789, con carácter universal y, en lo
particular, Asamblea del año 1813 mediante, en nuestras tierras, otras formas de
coacción sobre el acusado fueron verificadas: detenciones prolongadas del
sospechoso, unidas a interrogatorios sin asistencia letrada; ausencia de imputación
de cargos previo al interrogatorio; detenciones sin prueba previa, a resultas de la
confesión del propio detenido para así entonces iniciar la instrucción e, incluso
también, la exigencia de juramento al acusado y su obligación de declarar en
ciertas situaciones reguladas por leyes especiales, bajo apercibimiento de ser
sancionado pecuniariamente o con prisión. Esto último, sin bien nos podría
parecer anacrónico, al mencionarlo como verificable en la realidad, lo cierto es
que estuvo vigente y, aún lo es, aunque con ciertas modificaciones en el Reino
* Instructor Judicial en el Ministerio Públ ico Dptal. San Martín, pcia de Buenos Aires.
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Unido, como ya veremos. Retomando el objetivo principal del presente, analizar
la supuesta tensión entre el derecho al silencio y el derecho a ser oído, tal como se
propone, requiere una reformulación de este derecho al silencio, un derecho al
silencio que no sólo implique el privilegio a no ser obligado a verter
manifestaciones autoincriminatorias durante el proceso penal, sino también, a que
no se puedan realizar inferencias adversas al silencio mantenido por el acusado.
Cabe aclarar, que ello se encuentra previsto por nuestra legislación, conforme la
prohibición de realizar presunciones con respecto al silencio del imputado,
prohibición establecida en nuestros códigos procesales. La opción de mantenerse
callado, este silencio, sostenido en la primera oportunidad personal que tendría el
imputado de hablar, teniendo en cuenta la importancia de la oportunidad
establecida, ya no, como pesquisa, sino como medio de defensa, que importa la
declaración del imputado, es contrario al sentido común. Ello, es así dado que el
sentido común, nos prescribe, que alguien inocente, acusado de un delito, en la
primera oportunidad, realizaría su descargo, exponiendo para ello sus razones de
hecho y derecho. De mantenerse el acto procesal de la declaración del imputado,
con sus asistencia obligatoria, ¿no se estaría dando lugar a la operación de sentido
común realizada, coaccionándolo a declarar prematuramente, ya sea tanto
confesar como mentir, infringiéndose de todos modos la protección contra la
autoincriminación? Desde el otro extremo, de suprimirse este acto procesal, dando
vigencia plena al derecho al silencio, ¿no se estaría infringiendo el derecho al ser
oído? Por otra parte, al contar con asistencia letrada, ¿ se violentaría este último
derecho mencionado, cuándo de todas formas el descargo puede ser presentado
por el abogado defensor? Mediante el presente trabajo, se pretende examinar la
tensión existente entre el derecho a callar y el derecho a ser oído, su resolución en
definitiva, de ser ello posible, quedará como tarea de los especialistas.
§2.- Caracterización del derecho al silencio. El trilema cruel. Como ya
adelantáramos previamente, podemos definir al derecho al silencio como el

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