Delfino, lo justo y lo correcto

 
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El mayor esfuerzo de Germán Delfino por estas horas es dejar en claro que se valió de la información de uno de sus asistentes para cambiar su fallo y que ninguna de sus decisiones estuvo apoyada en la ayuda tecnológica.

Si él o Miguel Scime, director de formación arbitral de la AFA, reconocieran que alguien vio la repetición de la jugada para cobrar la mano de Pavone y para regresar a la cancha al expulsado Rosero Valencia, legalmente sólo quedarían dos caminos: 1) La FIFA decide defenderlo y lo usa como bandera para instrumentar el uso de la televisión en jugadas puntuales, o 2) La FIFA sostiene su reglamento actual y Delfino no puede volver a dirigir ni un partido de intercountries.

Conformarse con una explicación tan sencilla como "al final se hizo justicia" sería -en caso de que alguien hubiera visto la jugada por TV- una tergiversación jurídica. Delfino tuvo buenas intenciones, pero eso no alcanza para alguien que tiene la obligación de hacer cumplir un reglamento. Ante la encrucijada, un árbitro no tiene la libertad de hacer lo que cree que es justo. Debe hacer cumplir la ley; hacer lo correcto, en todo momento.

La lectura posterior es que es inexplicable que la FIFA siga sin aceptar el uso de la tecnología cuando ya fue agregada en la mayoría de los deportes en el mundo. Pero ésa es otra historia.

Respecto del comportamiento de Delfino, puede decirse que su mayor problema fue perder la calma. Cuando más tranquilo tenía que estar, se metió en el entrevero que le propusieron jugadores, entrenadores e hinchas. Puso como excusa el bullicio y la tensión del partido. Malas...

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