Dejó todo para irse a vivir a una cabaña en Los Antiguos y treinta años después revela lo imperdible del Sur

Guido Vittone, hace treinta años se instaló en Los Antiguos, en el norte de Santa Cruz

Recuerda bien aquella mañana del 9 de febrero de 1992. Se despertó poco antes del amanecer, después de una noche lluviosa, en el pueblo de Bajo Caracoles, con la vista de un hermoso paisaje dorado. Eran las laderas del Cerro San Lorenzo, en la provincia de Santa Cruz, que a esa hora reflejaban los nacientes rayos de sol provocando ese efecto deslumbrante que a sus cortos 21 años lo despertó como nunca antes. Y no solo porque la luz le anunciaba que ya era hora de levantarse para vivir una nueva jornada. Al mismo tiempo estaba asistiendo a otro tipo de vivencia. Tal vez, ese resplandor le estaba anunciando un nuevo comienzo, acaso un despertar espiritual.

En 1994, una de las primeras exploraciones , por los glaciares, en zona Chalten

Transcurrieron tres décadas desde ese momento epifánico que llevó a Guido Vittone a explorar la zona de la Patagonia austral y prometerse que un día ese sería su lugar en el mundo. Promesa que cumplió cuando, a sus 28 años, después de haber viajado por Europa y Asia trabajando para una ONG como coordinador de viajes educativos juveniles, se quedó en el pueblo Los Antiguos, para integrarse como uno más de la comunidad.

"En 1998 encontré mi lugar al pie del Cerro San Lorenzo, el más alto de Santa Cruz, y desde entonces se podría decir que sigo ahí. Llegué solo, con un proyecto en ese campo, alejado del pueblo aunque a pocos kilómetros de distancia de Los Antiguos.", recuerda.

Como hizo Henry David Thoreau, autor de Walden, donde narra su vida en el bosque, Vittone se entregó a una rutina de ermitaño. "El campo está en un lugar remoto, difícil de acceder", cuenta. "Me fui a un lugar muy aislado, el camino terminaba de un lado del río y había que cruzarlo a caballo, para poder hacer un proceso interno de fusión con la naturaleza.", evoca Guido. Y reconoce que cuando vivía en la ciudad nunca fue "un bicho muy sociable". El desafío en ese entonces fue aprender a desprenderse de muchas cosas, de lo material sobre todo. Subyacente, siempre, estaba la añoranza de una profesión de explorador, cuando todo estaba por descubrirse en la Patagonia. "Me hubiera gustado ser como Darwin, un pionero que encuentra un lugar y se abre camino en la naturaleza.", señala.

Un nombre como un mandato

Ese primer contacto con la geografía fue moldeando su vocación de explorador. Se dio cuenta que lo que que deseaba era conocer los secretos de la geología...

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