Declinante producción ovina

Poco a poco, sin prisa pero sin pausa, va mermando la producción ovina nacional, una actividad floreciente hacia fines del siglo XIX, que contaba con 55 millones de cabezas -algunos referentes las contabilizaban cercanas a los 80 millones, ahora reducidas a unos 10 millones luego de un proceso gradual que en los últimos años contó con los estragos de las erupciones de los volcanes El Chaitén y Puyehue. A eso hay que sumarle una gran sequía y un decepcionante tipo de cambio exportador, que deprime las exportaciones del país en general.Tan mínima población ovina está alojada en sus dos terceras partes en las provincias de Río Negro y Neuquén, y una quinta parte cada una, en las regiones pampeana y mesopotámica. Pese a que la producción ovina tiene lugar bajo comportamientos asociativos con los vacunos, basado en que éstos prefieren los pastos más vigorosos mientras que los lanares lo hacen con los de menor talla, lo cierto es que, por otras razones más poderosas, la producción lanar no ha cesado de declinar en los últimos tiempos, arrastrando consigo las exportaciones, reducidas a un mínimo.No ha ocurrido lo mismo, por ejemplo, en Australia y en Nueva Zelanda, dos naciones de gran participación en la producción y exportación de carnes ovinas y lanas, los dos rubros de mayor valor a los que se suman, en menor cuantía, los cueros y la leche.Tal es la productividad y competitividad de Nueva Zelanda -una nación de la superficie de nuestra provincia de Santa Cruz, que en los últimos años ha exportado medio millón de toneladas de carne ovina y otro tanto del rubro vacuno.Cabe destacar, en tanto, que el Ministerio de Asuntos Agrarios de Buenos Aires informó a municipalidades, productores, formuladores de proyectos e instituciones...

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