El debate que no supimos conseguir

 
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Alguna vez Mark Twain dijo que no hay palabra más efectiva que una pausa bien colocada. Si aplicamos esa máxima al modelo vigente en la Argentina de debate político, queda claro que los resultados nunca serán los buscados, por más que sus artífices terminen el día convencidos de que su estrategia dará resultados. Por lo pronto, nadie se anima a poner la mínima pausa en la defensa de sus argumentos. Más bien ocurre lo contrario: parece que la exaltación, la estridencia, el arrebato temperamental, el grito y la creencia de que es posible imponer el propio punto de vista hablando más fuerte que el otro son los patrones aceptados de cualquier discusión política planteada a la luz pública desde la TV.

El modelo de Intratables, reconocido a primera vista en la actualidad como la marca más identificable del debate político en los medios masivos, se constituye a partir de todos estos rasgos. Esta fórmula está muy lejos de ser novedosa: simplemente adaptó a las deliberaciones políticas y de actualidad un dispositivo que desde hace muchos años se impuso en otro terreno igualmente popular a través de Polémica en el fútbol. Una porfía verbal de raigambre tribunera, en la que todos hablan a los gritos, casi nadie se escucha y el silencio sólo se consigue cuando algún vozarrón consigue tapar casi de prepo la palabra de los demás.

Hay una contraparte perfecta de esa idea que no hace más que reforzarla y conformar, entre las dos, una definición muy precisa de lo que entendemos hoy como palabra política en la Argentina. Es el monólogo impuesto frente a un grupo de incondicionales y aceptado por ellos como verdad revelada, indiscutida, infalible, definitiva. No tiene sentido desde esta visión plantear ni una mínima objeción a lo que desde el vamos se presenta como algo ya resuelto, que debe ser aceptado.

Parece difícil, casi imposible, extraer desde modelos tan ficticios una plataforma genuina para fijar las reglas y los contenidos de un auténtico debate político. Tanto el modelo falsamente horizontal de Intratables como la imposición vertical que está en la raíz de los discursos expresados desde lo más alto del poder (el analista Sergio Berenzstein observó hace muy poco que la Presidenta llamó a debatir ideas cuando ella misma no confronta su pensamiento con nadie, ni siquiera en reuniones de gabinete) aparecen como obstáculos de una meta con la que parecen soñar todos: un conjunto de reglas claras y aceptadas para que todas las campañas electorales...

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