Hábeas data a nivel nacional

Autor:Luis R. Carranza Torres
Cargo del Autor:Abogado (U.N.C.). Doctorando en Ciencias Jurídicas (U.C.A.).
Páginas:403-435
 
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14. HÁBEAS DATA A NIVEL NACIONAL
14.1. LA PERSONA HUMANA Y SUS DATOS
El derecho a la autodeterminación informativa hunde sus
raíces en la dignidad, el respeto, el libre desarrollo y la invio-
labilidad de la persona humana, formando parte de los dere-
chos fundamentales del hombre o derechos humanos.
Dicho derecho se construye a partir de la noción de intimi-
dad, privacy, riservatezza o vie privée, y en el derecho europeo
se encamina, fundamentalmente, a dotar a las personas de co-
bertura jurídica frente al peligro que supone la difusión de as-
pectos de su vida personal.
Se ha interpretado por ello el concepto de intimidad de una
forma amplia, centrada especialmente en la voluntad de cada
individuo afectado. De esta manera, el derecho a la intimidad
vedaría, en principio, toda intromisión en aquellas esferas de
la vida que el titular quiere reservar para sí.
Si el derecho a la intimidad incluye la facultad de restringir
la recolección y utilización de información personal, así como el
control sobre esta última cuando se consienta o se realice por
mandato legal, entonces no habrá excesiva dificultad en incluir
dentro del contenido de tal derecho la tutela frente al uso de la
informática u otra forma automatizada o masiva de acopio de
datos.
Tal recopilación de datos acerca de las personas no es algo
nuevo, y si consideramos a nuestra mente como —entre otras co-
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sas— un archivo de datos, debemos concluir que la actividad de
almacenamiento, clasificación y tratamiento de datos acerca de
otros es tan antigua como la especie humana misma. La inven-
ción de la escritura le dio tangibilidad a la actividad, mucho
después. Sin embargo, no es sino hasta la irrupción de la era
tecnológica y su tremendo impacto transformador de las rela-
ciones humanas, que el fenómeno comenzó a interesar a los es-
pecialistas del derecho.
La revolución tecnológica a la que asistimos y en la que esta-
mos inmersos en el presente, merced a los continuos progresos
en el campo de las ciencias informáticas, ha hecho posible,
entre otras cosas, la creación, el acceso y el entrecruzamiento
de enormes bancos de datos con todo tipo de informaciones;
siendo el sustrato cultural del cual surge la necesidad de con-
tar los ciudadanos con un medio de protección sobre lo que se
almacene como información de su vida y los más diversos aspec-
tos de su personalidad.
Asimismo, tal orden de cosas trae aparejado un nuevo con-
cepto de poder a través de la vigilancia, información y control.
El inmenso arsenal de datos que la informática pone a dispo-
sición de la Administración acrecienta hasta límites insospe-
chados los mecanismos de control social con base en la
información acerca de las personas.
Frescos en los recuerdos del pasado siglo XX está la apari-
ción de las más terribles formas de totalitarismo que la huma-
nidad haya conocido, que hicieron uso de los recursos de la
técnica (mucho más limitada que en el presente) en materia de
acopio y difusión de información para el so juzgamiento de
millones de personas.
Pero los riesgos para los derechos de las personas por el uso
indebido de los datos e informaciones acerca de ellas no sólo
provienen de los gobiernos, sino también de empresas que a
una escala nunca antes conocida se dedican a la recolección y
difusión de datos, o guardan íntima relación con su problemá-
tica por el dominio tecnológico que detentan en un área sensi-
ble o esencial de las telecomunicaciones. Ya no se trata de las
clásicas empresas multinacionales que operan desde un país
PRÁCTICA DEL AMPARO 405
273 Carranza Torres, José, “El juicio a Microsoft: un ejemplo de las leyes anti-
trust en los Estados Unidos”, en Semanario Jurídico, Nº 1287, p. 488.
274 Orwell, George, 1984, trad. Rafael Vázquez Zamora, Barcelona, Ediciones
Destino, 1949.
275 Huxley, Aldous, Un mundo feliz, Madrid, Plaza y Janés, 1999.
276 Harris, Robert, Fatherland, Buenos Aires, Atlántida, 1992.
central en diversas naciones, sino de empresas o grupos de
empresas globales, con múltiples centros de dirección en distin-
tas partes del mundo y con un alcance universal en sus operacio-
nes. El poder de las mismas, sobre todo en las áreas de la alta
tecnología, ha llevado a los gobiernos a tomar medidas activas
para restringir o controlar el inmenso poder que detentan.273
Autores como Orwell274, Huxley275 y Harris276, entre otros,
han alertado en sus ficciones antiutópicas sobre el peligro que
entraña para la dignidad de las personas algunas facetas del
progreso tecnocientífico llevadas al extremo, en especial en lo
que respecta a los métodos de opresión basados en la acumu-
lación y procesamiento de la información respecto de las per-
sonas.
Aún hoy, en los Estados indudablemente democráticos,
cada día es mayor el caudal de datos referentes a los habitan-
tes del país que se almacena en bancos de datos estatales y
privados. También, con el correr del tiempo, cada vez son más
las posibilidades de acceder y cruzar datos de múltiples fuen-
tes de almacenamiento. De este incremento en magnitud y
calidad surge la posibilidad de que tales datos sean incorrec-
tamente asentados, procesados o difundidos, con el correspon-
diente menoscabo para la intimidad o imagen personal.
Más aún, de la reunión y procesamiento de los datos que a
diario dejamos respecto de nuestra vida, ya sea al realizar un
trámite ante un organismo estatal, pedir un crédito, abrir una
cuenta corriente, suscribirnos a una publicación, inscribirnos
en una institución del tipo que fuere (política, deportiva o pro-
fesional), navegar por internet, se puede establecer con un alto
grado de detalle un perfil de nuestra personalidad y de sus
caracteres, llevando a conocimiento de terceros nuestras vir-
tudes y defectos.

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