Daños a la dignidad

Autor:Matilde Zavala de González
Páginas:204-222
 
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XXX
DAÑOS A LA DIGNIDAD
Art. 1770. Protección de la vida privada. El que arbitrariamente se
entromete en la vida ajena y publica retratos, difunde correspondencia,
mortifica a otros en sus costumbres o sentimientos, o perturba de cualquier
modo su intimidad, debe ser obligado a cesar en tales actividades, si antes
no cesaron, y a pagar una indemnización que debe fijar el juez, de acuerdo
con las circunstancias. Además, a pedido del a graviado, puede ordenarse la
publicación de la sentencia en un diario o periódico del lugar, si esta
medida es procedente para una adecuada reparación.
Antecedentes
Código anterior, art. 1071 bis; Proyecto 1992, arts. 110 y 116; Proyecto
1998, art. 105.
Concordancias
Arts. 51 a 53, 1710, 1716 a 1718, 1720, 1725, 1740, 1771.
1. El bien jurídico protegido
2. Valoración sistemática
3. Intromisión en la vida privada ajena
4. Arbitrariedad de la conducta
5. Perturbar la intimidad de cualquier modo
6. Publicar retratos
7. Difundir correspondencia
8. Mortificar costumbres o sentimientos
9. Efectos jurídicos de una lesión
10. Cese de la actividad
11. Indemnización
12. Circunstancias para cuantificar
13. Difusión de la sentencia
1. EL BIEN JURÍDICO PROTEGIDO
El artículo ahora comentado no protege cualquier aspecto de la vida
privada; sólo tiene en vista la intimidad, como un ámbito que se tiene derecho a
proteger de cualquier intromisión.
Esa reserva personal asegura el libre desenvolvimiento de los seres humanos
en su existencia próxima, no comunicable a la generalidad de los demás, sino
vinculada a las relaciones y afectos cercanos.
Por vida privada no debe entenderse sólo una exclusiva interioridad
subjetiva. Se incluyen actitudes y conductas desenvueltas en público,
exteriorizadas o conocidas por terceros, pero que no afectan a la comunidad;
como caminar por la calle, asistir a un templo o mantener una reunión privada
en un lugar público.
También el honor de una persona puede reflejarse en facetas personalizadas
o familiares de su existencia, con carácter reservado, distintas de otras de
índole pública. Así, en lo que atañe a la corrección de actitudes desplegadas en
soledad, vínculos de familia o relaciones amistosas, que son susceptibles de
imputaciones que lesionen la honra o el prestigio, además de vulnerar la
reserva del afectado.
La reflexión es extensiva a otros intereses igualmente concernientes a la
dignidad, como la identidad personal, que tanto en ámbitos públicos como
privados es susceptible de tergiversaciones por terceros, así no lastimen el
decoro ni la reputación. Entre otras hipótesis, en lo que se refiere a una
tergiversación de convicciones religiosas o preferencias sexuales.
Puede registrarse una lesión plural de tales intereses. Por ejemplo, la
revelación de una determinada conducta sobre la vida sexual de alguien
(privacidad), que es inapropiada y desjerarquiza al sujeto (honor) y además no
coincide con su realidad personal (identidad). La multiplicidad de agravios debe
evaluarse para incrementar la indemnización.
2. VALORACIÓN SISTEMÁTICA
La protección de la vida privada se sustenta en nuestra Constitución: “Las
acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la
moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios y
exentas de la autoridad de los magistrados” (art. 19).
La norma comentada reproduce casi textualmente el art. 1071 bis del Código
anterior, manteniendo algunas expresiones anticuadas1, y con supresiones que
significan perfeccionamiento legislativo2.
El Libro Primero del Código se ocupa de los derechos de la personalidad. La
regulación de “Derechos y actos personalísimos”3 se inicia con una proclamación
sobre la inviolabilidad y dignidad de la persona humana (art. 51), así como el
derecho a prevenir y reparar daños a tales bienes entrañables (art. 52).
El carácter reiterativo de esta norma sobre “protección de la vida privada”4
se refuerza a mérito de las siguientes reflexiones:
a) Insistimos en que la prevención y reparación de daños la intimidad
personal y familiar ya se encuentra declarada en el Código, como una vertiente
de afectación a la dignidad (art. 52).
b) La arbitrariedad de actitudes nocivas, proclamada en el precepto
comentado, constituye requisito genérico, que rige salvo causa de justificación:

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