Cuatro nuevos Hermanos Alfareros

 
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“HERMANDAD DE LOS ALFAREROS” (*)

Hace un año, en La Plata, durante el XVIII Congreso Nacional del Equipo Federal del Trabajo anunciamos el nacimiento de la “Hermandad de los Alfareros” y la designación de Rodolfo Capón Filas como “Primer Hermano Alfarero”.

La distinción, se concedió en absoluta ignorancia del homenajeado, quien recién lo supo en el momento mismo del anuncio; como hoy, en que los nuevos “Hermanos Alfareros” no saben de su nueva condición.

Para ellos, el Norte siempre estuvo –y seguirá estando- en la defensa de los Derechos del Trabajador y su motor de vida en la utopía.

Disculpen los que escucharon una reflexión similar, pero que es necesario reiterar.

Generalmente, el término “utópico” -como adjetivo- es portador de un cierto grado de menosprecio o subestima para quien así es calificado. En ese contexto, la acepción corriente, parte de un preconcepto, supone un cierto grado de ensoñación y hasta de desequilibrio o insensatez del portador.

Curiosamente, el “utópico” no es anatematizado, sino más bien marginado (“ninguneado”); su postura y planteos son merecedores de una mirada indulgente (compasiva) de los “cuerdos”, quienes los tienen en cuenta por su condición de “para-orates” (si se permite el neologismo).

Sin embargo, en mi opinión (que probablemente sea la de muchos de los aquí presentes) los utópicos deberían ser rescatados de tan infamante categoría, por cuanto son los eternos impulsores de un mañana más digno.

Sin ir muy lejos, hace 30 o 35 años -para poder trabajar, pensar y sostener ideales, para superar la realidad (que era asfixiante)- buena parte de los hoy veteranos debimos acudir a la utopía para proyectarnos al futuro. De lo contrario, la violencia de reacción (tan dañina como la de acción) probablemente hubiera guiado nuestros pasos o el abatimiento de espíritu hubiera acabado con nosotros.

Pero, entiéndase bien: Utopía no es desmadre, sino punto de fuga donde confluyen los vectores del pensamiento y de la acción. No es navegar al garete –adonde lleven los vientos- sino henchir las velas, pero empuñando el timón de la prudencia y eso es lo que destacamos en los nuevos Hermanos Alfareros.

Para los que aún se preguntan el porque de Alfarero, traigo a colación la curiosa coincidencia entre la tradición judeo/cristiana y la cultura Pampa, que tiene un relato similar sobre el inicio de los tiempos.

Dice que estando el hijo del cielo (Chachao) aburrido y de buen humor, se puso a juguetear con barro...

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