Un cuadro desolador que amenaza a la democracia

 
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El nuevo libro de Thomas Piketty, La economía de las desigualdades, sorprenderá a muchos lectores. Si el "economista del momento" (una rockstar para algunos de sus pares académicos, tal vez algo envidiosos del éxito de sus libros) provocó controversia con El capital en el siglo XXI, la obra que presentó el mes pasado en Buenos Aires, con La economía… la polémica será mayor. Heterodoxo para los ortodoxos y ortodoxo para los heterodoxos, Piketty es un punto de referencia para el actual debate económico (no en vano Foreign Policy lo nombró como uno de los personajes más influyentes de la actualidad), sobre todo porque instaló a nivel global el incómodo debate de la desigualdad, del cual muchos de sus colegas prefieren rehuir. Pero lo más interesante de esta obra publicada por Siglo XXI es que Piketty se permite dudar de todos los planteos teóricos.

En la Argentina, desacomodó al Gobierno que tan gustosamente lo recibió en sus despachos –se reunió con el ministro Axel Kicillof y con la presidenta Cristina Kirchner– cuando expresó que no es lógico que un país democrático no tenga estadísticas confiables en materia de inflación y pobreza.

Picketty procura encontrar herramientas para reducir la desigualdad en un mundo con una brecha social cada vez mayor. Recientemente, la organización no gubernamental Oxfam acaba de advertir que en 2016 el 1% de la población concentrará el 50% de la riqueza mundial: un cuadro desolador y peligroso para la estabilidad democrática, que Piketty intenta descifrar y revertir, al menos desde una perspectiva técnica.

En la obra aparecen algunos elementos conocidos, como el hecho de que Sudamérica es la región más desigual dentro del mundo emergente (en abierto contraste con el gran logro que alcanzó en las últimas décadas el sudeste asiático). El autor propone instituir una "flat tax", un impuesto generalizado similar sobre el patrimonio. "Podría encararse la implementación de un impuesto general sobre el patrimonio que permita financiar una transferencia prefijada del patrimonio, una suerte de cheque de inversión para cada ciudadano que alcance la edad adulta", señala. "Se debería aplicar sobre un área geográfica lo más amplia posible para todas las ganancias de capital, a fin de evitar todos los efectos negativos de la competencia fiscal entre los Estados", añade quien es director de estudios en la École des Hautes Études en Sciences Sociales (Ehess) y profesor asociado de la Escuela de Economía de París.

La idea de...

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