A los cuadernos los escribe el diablo

 
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En su reveladora declaración ante el fiscal, Juan Chediak, uno de los empresarios arrepentidos en , cuenta que lo puso incómodo no bien arrancó la gestión. Era julio de 2003, semanas después de la asunción de , y ni siquiera había descubierto el mecanismo de que denunció meses después. Chediak estaba en el living del departamento de De Vido solo acompañado por su colega Carlos Wagner, otro de los detenidos, y recuerda haberle escuchado decir al dueño de casa: "Si querés seguir trabajando tenés que pagar". Agrega que se sorprendió, que nunca en su vida se había sentido tan "amedrentado" y que solo atinó a contestarle que el país y las constructoras venían de una crisis. No lo conmovió. Al contrario: el ministro lo trató de "llorón" e insistió en que el gobierno necesitaba fondos para la política. Desde entonces el contratista . Eran sumas de entre 100.000 y 250.000 pesos que pasó a entregarle mensualmente ahí mismo, por lo general al lado de unos bonsáis que ahora parecen una metáfora del modo en que interpreta aquellos sobornos dentro del sistema general: árboles incapaces de tapar el bosque. La carátula es la de asociación ilícita.Chediak fue uno de los referentes de la obra pública en esos años. Aquel día estaba conociendo de modo brutal un andamiaje al que después se fueron acoplando sus pares, acorralados ahora por la causa. Su sorpresa inicial, la de un empresario cohibido ante la franqueza de un funcionario al que la sociedad argentina todavía no conocía, es ahora un argumento con que se defienden todos los contratistas involucrados: no es cierto que trabajen o hayan trabajado con todos los gobiernos del mismo modo, no fueron ellos quienes pusieron las reglas y tampoco deberían ser equiparadas empresas de décadas en la Argentina con advenedizos que, como , se convirtieron en diez años en grandes constructores. "Teníamos que pagar para cobrar, no para comprar un yate nuevo", se quejaron en uno de los grupos más complicados.La primera mala noticia para todos es que Bonadio no parece dispuesto a distinguir demasiado. El texto con que los procesa o les dicta prisiones preventivas tiene hasta cierta ironía. Allí describe "una maquinaria que le sacaba con procedimientos amañados dinero al Estado nacional en detrimento de la educación, la salud, los jubilados, la seguridad; que dejaba al pueblo más humilde sin cloacas, sin agua corriente, sin servicios, sin transporte seguro, etcétera, etcétera, (...) para distribuir coimas a...

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